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El país de las últimas cosas, Paul Auster


Hacía mucho tiempo que tenía pendiente volver a leer a Auster. Fue este el momento cuando, estando como estoy en períodos de exámenes con un libro largo que a veces se hace eterno como es Los hermanos Karamazov, pensé que me vendría bien desconectar un poco con este autor, y por casualidad le tocó a este libro.

La razón por la que tengo a Auster en una buena consideración se debe a los libros que he leído anteriormente de él. El primero que leí, y el que más me ha gustado, fue Leviatán, una historia que comienza con sistemáticas explosiones de bombas pero que acaban mezclándose con muchos personajes y situaciones, con un entramado muy rico que le da la novela un gran dinamismo, recordando a los cuadros impresionistas en los que de cerca ves un punto, pero de lejos ves una figura que pertenece a un cuadro y a una historia. Totalmente recomendable.

Portada del libroPosteriormente leí La noche del oráculo, una novela casi kafkiana que mezcla presente y futuro. Sin embargo esto no impidió que me dejara un sabor de boca agridulce, quizá por los precedentes que tenía con el autor.

El tercer libro que leí de Auster fue Viajes por el Scriptorium, en la que un hombre se encuentra en una habitación, sin recordar nada de nada, y va recibiendo visitas de personas a las que no recuerda. Estas personas, por lo que supe entonces, son personajes de las novelas de Auster (de hecho se supone que el propio protagonista es una alegoría de él, cuando se encuentra sin ideas), y creo que quizá no fuera la novela idónea de aquél momento.

A falta de leer la Trilogía de Nueva York (que por supuesto está en el Plan Infinito), comencé a leer este libro con el optimismo de saber que me gustó el autor, pero siendo consciente de que podía defraudarme.

La protagonista de la novela, Anna Blume, es una mujer que se ha mudado a un país extraño y raro en pos de su hermano desaparecido. Desde allí escribe unas cuantas cartas, que no sabemos a quién se las escribe, relatando su historia. Dicho país es… un caos. No se dice que esté en guerra pero hay síntomas de que así sea, pero al tiempo hay un gobierno eficaz para algunas cosas (como la recogida de cadáveres que proliferan por las calles) y no de otras (como sustentar alimento). En esta parte me ha recordado al mundo que describe Saramago en Ensayo sobre la ceguera (no sale ningún ciego, pero yo me los imaginaba vagando por ahí).

El inicio se me hizo pesado, ya que se centra en la descripción, detallada en exceso, de cómo es el país en el que se encuentra la protagonista. Incluso pensé en dejarlo. Finalmente le dí una oportunidad, y posteriormente Anna habla, por fin, de cómo se las arregla en ese mundo. De esta forma, sabemos que se dedicará a buscar objetos para después revenderlos, que conocerá a una mujer que le acogerá en casa y las consecuencias de su accidente. Esta parte el libro se hace más dinámico y más entretenido. En concreto me ha llamado la atención un personaje con una peculiar forma de expresarse. Os dejo un extracto:

- No señor, señorita-decía-, usted ya estaba en la otra vida. Lo vi con mis propios ojos. Usted estaba morida, y de repente vuelve a la vida. (…) Las palabras son lo que me hace saber. Así llegué a ser tan viejo. Mi nombre es Otto, voy igual delante que atrás. No termino en ningún lado, sino que empiezo de nuevo. Así viviré el doble, el doble que cualquiera. Usted también, señorita, usted tiene el mismo nombre mío. A-n-n-a, igual delante que atrás, justo como Otto. Por eso volvió a nacer. Es una bendición de la suerte, señorita Anna. Usted estaba morida y yo la vi nacer otra vez con mis propios ojos. Es una gran bendición de la suerte.


Sin embargo, tengo la impresión de que Auster quería llegar a algo que no ha sabido enseñar. Al principio pensé que los tiros irían por lo bajo que podemos caer los seres humanos (como en el libro de Saramago) pero cuando después sólo contaba las desdichas de la protagonista ya me pareció que no. La verdad es que parecen dos novelas cortadas y pegadas para tratar de presentar el libro a tiempo que exigía el editor.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Es corto y entretiene.
Contras
  • El inicio se hace denso.
  • El autor quiere mostrar algo que no consigue.

Esto es todo por hoy. Suerte a los que tengáis exámenes. Y los que no los tengáis… qué envidia… ¬¬

Namaste.

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7 Responses to “El país de las últimas cosas, Paul Auster”


  1. 18/01/2010 en 22:02

    Este libro es de los pocos de Auster en los que he encontrado reseñas negativas, junto con “Viajes por el Scriptorium”. Te recomiendo que leas “Brooklyn Follies” y “Tombuctú”, maravillosos!!!

    Todos los de Auster están en mi plan infinito, pero este será de los últimos que lea!!!

    Saludos

  2. 2 Isi
    19/01/2010 en 09:28

    Vaya, pues al principio de la reseña pintaba bien.
    A mí a lo que me has recordado es a “Los amantes del círculo polar”: otto y ana ;)

  3. 19/01/2010 en 16:40

    Paul Auster es uno de mis favoritos, pero este libro no es de mis favoritos de Paul Auster. Estoy bastante de acuerdo con ese crítico que escribió que “El libro de las ilusiones” completaba lo que él llamaba, si no recuerdo mal, algo así como la mesa literaria de Paul Auster. Es decir, que “El libro de los ilusiones” era la última pata de la mesa de Auster, que ya tenía antes tres patas: “La trilogía de Nueva York”, “El Palacio de la Luna” y “Leviatán”.

    También tengo muy buen recuerdo de “La música del azar”, un libro realmente kafkiano.

    Dicho esto, tengo ganas de leer la que se ha publicado hace poco, que dicen que es muy buena, a ver si tanto como para convertirse en la extraña quinta pata de la mesa o qué, por mí perfecto, la mutación sería bienvenida…

  4. 20/01/2010 en 18:21

    Paul Auster…aún lo tengo pendiente en mi plan infinito.
    Supongo que no me estrenaré con este ;) jijiji…
    suerte en los exámenes (yo estoy por presentar los míos)
    Ale.

  5. 06/02/2010 en 23:34

    Yo llevo unos meses algo austeriana, y no con Jane, sino con Paul. Lo leí por primera vez con su Trilogía de Nueva York este verano y desde entonces, vuelvo a él cuando puedo. Viajes por el Scriptorium es de los que más me han gustado y a la vez desorientado. En mi estantería, para cuando acabe los exámenes, me está esperando su último libro, Invisible.
    ¡Un saludo!


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