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Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg


Hoy os traigo un libro de relatos, un libro que hojeé en la biblioteca. Suele ocurrir, nos topamos con un libro, leemos unos fragmentos y decidimos que algún día lo leeremos. Con la diferencia que ese período se ha convertido en más de cinco años.

Aún así, estaba anotado en mi libreta, y durante mucho tiempo cada vez que lo veía me invadía la duda: ¿Qué había leído que me había llamado tanto la atención? ¡No era capaz de recordar la temática del párrafo!

Por ese motivo entró en mi lista de los 50 libros que leer antes de los 30. Y por fin, lo he leído.

 Los relatos son diversos, tanto en tamaño como en temática. Al estar escritos en distintas épocas, que van desde 1944 hasta 1962, el modo de escribir de la autora y la temática varían mucho. Lógico. Veinte años dan para mucho: las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, el paso de la juventud a la madurez o la llegada de los hijos, son algunas de las reflexiones que van surgiendo entre las líneas de Las pequeñas virtudes.

Destaca, por encima de todo, el brutal conocimiento del ser humano, de la amistad y de la vida en general. Y por supuesto, el análisis del paso del tiempo, del cambio de parecer según vamos cumpliendo más años. Ginzburg es analítica, matemática y severa a la hora de analizar diversas situaciones. Algo complejo si tenemos en cuenta que parece que la autora toma su propia vida como hilo conductor; es decir, desde mi punto de vista es más fácil analizar a los demás que a uno mismo. A veces un poco de perspectiva es buena para apartarse de la burbuja que nos ciega.

Por otro lado, la autora reflexiona mucho sobre el acto de escribir, sobre el proceso creativo y el método de trabajo de una persona que al menos inicialmente, no se dedicaba a ello de manera profesional. Las dudas, el método y cómo encarar una página. Este relato, uno de los más largos, además, se me ha hecho más pesado. Será que el tema no me interesa demasiado.

Pero… ¡basta de frases describiendo cómo es Las pequeñas virtudes! Creo que lo mejor es que os deje varios fragmentos para que podáis comprobar por vosotros mismos:

¿Cómo podría amar una cosa que no soy capaz de recordar?

Él y yo

Y somos gente ya sin lágrimas. Lo que conmovía a nuestros padres ya no nos conmueve en absoluto.

El hijo del hombre.

Existen dos especies de silencio: el silencio consigo mismo y el silencio con los demás. Una y otra forma nos hacen sufrir igualmente. El silencio con nosotros mismos está dominado por una violenta antipatía que nos invade hacia nuestro propio ser, por el desprecio hacia nuestra misma alma, tal vil que no merece que le digan nada. (…) Está claro que no tenemos ningún derecho a odiar a nuestra propia persona, ningún derecho a callar nuestros pensamientos a nuestra alma.

Silencio.

 FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El relato “Las relaciones humanas”. No tiene párrafos destacables. Todo él lo es. Para releer.
Contras
  • He descubierto que la temática del arte de escribir no me gusta. Más bien, me aburre.
Reto 50 libros
  • 16/50.

Namaste.

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5 Responses to “Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg”


  1. 29/01/2014 en 01:28

    Para empezar una puntualización: yo diría que más que relatos, los textos de “Las pequeñas virtudes” son ensayos. Me pasa más o menos lo mismo, tenía ganas de leerlo desde hacía tiempo y finalmente lo hice hace poco. También me pareció un libro interesante. Por otra parte, una sorpresa y un pequeño placer encontrar el rayo en el cuadro final de la entrada. Saludos.

  2. 29/01/2014 en 16:39

    Pues no lo conocía, pero me has convencido. Porque me gusta lo que has contado del libro, porque los fragmentos son impresionantes y porque a mi el tema del oficio de escribir sí me dice más que algo (me fascina, de hecho). Así que ya está apuntado, espero no tardar cinco años en leerlo 😉
    ¡Besotes!

  3. 31/01/2014 en 17:33

    Creo que sí me gustaría si es tan minucioso y matemática es seguro de esos inteligentes. ¿De verdad que crees que es más fácil analizar al de enfrente que a ti? ufff, yo ya me pierdo con el de enfrente, a veces es tal el postureo que no me entero, sin embargo, uno mismo poco puede engañarse. Aunque esto es otro tema, supongo.
    Buena recomendación.

  4. 01/02/2014 en 11:02

    Somos extraños para nosotros mismos…
    Tengo quince minutos de autobús por las mañanas, por eso me encantan los libros de relatos. Lo anoto.
    Un saludo,
    Sonia

  5. 5 lahierbaroja
    24/02/2014 en 14:45

    Bartleby: tienes toda la razón, llega al punto del ensayo. Sin embargo en el caso de sus apreciaciones personales sobre el pasado me entra la duda si se cataloga como cuento o qué.

    Tenéis temas comunes, además de otras similitudes que personalmente he podido encontrar. 🙂

    Trescatorce: entonces te encantará, porque además del análisis de los diversos temas cobra mucha importancia el oficio de escribir. ¡Eso, que no te pase como a mí!

    Icíar: pues sí, la verdad es que para mí viene bien tener algo de distancia para analizar las situaciones, y con uno mismo es más complejo. Veo las cosas más claras en los demás, o quizá es que soy capaz de calar más rápidamente a a la gente. No sé. El caso es que con otras personas su situación la veo clara (qué han de hacer y qué no) y sin embargo con la mía no todo resulta tan fácil…

    Sonia: entonces te viene que ni pintado. Porque no son muy largos y te pueden servir para ocupar el trayecto. Y además son muy interesantes.


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