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La casa de hojas, Mark Z. Danielewski


La casa de hojas es uno de esos libros de los que habla todo el mundo. A finales de 2013 se publicó este libro que se describía como el Moby Dick de las novelas de terror, todo una experiencia, un descubrimiento. De repente, apareció por todas las revistas culturales, por todos los periódicos. La red se llenó de críticas sobre la novela, a la que se la calificaba entre las historias que cambian los estándares de las historias de terror.

Atraída como una polilla a una luz, después de ver los comentarios de muchos blogueros que lo adquirieron enseguida, lo compré en cuanto pude. Después lo leí. Lo terminé. Traté de esbozar una reseña, una opinión de algo de lo que es este libro. En múltiples ocasiones me he sentado a dejar por escrito mis ideas. Pero creo que no lo he conseguido. Así que pasaos por estos blogs que sí que han hecho bien su trabajo: Leersinprisa, Un libro al día, Cuentalibros, Locura y lectura.

Empecemos por el principio: ¿qué es La casa de hojas? Un libraco. Uno de esos libros enormes, con 700 páginas muy largas y muy anchas, un libro de tapas negras. Un libro caro de narices. Por 30 puñeteros euros te puedes hacer con él.

Si ahondamos un poco más, podríamos llegar a decir que es un libro muy poco común. Basta con pasar alguna de las páginas para darnos cuenta de que esta no es una lectura normal: hay páginas con una línea, otras escritas al revés, por no mencionar la multitud de tipología en las letras.

collage casa de hojas marcas de agua

El argumento de la historia es triple: por un lado tenemos a Zampanò, autor de una serie de legajos sobre el Expediente Navidson; a Truant, que podría haber salido de una novela de Kerouac: quien los lee  y nos cuenta sus farras día sí día también, y al propio Navidson, protagonista de la historia en su casa. Una casa que sorprendentemente, tiene una puerta que no se sabe adónde va.

Desde el primer momento se nos presentan estos tres hilos argumentales a la vez, además de aparecer un sinfín de notas a pie de página que difieren entre sí: están las puramente científicas, esto es, referencias de referencias a bibliografía, a estudios, reflexiones sobre el eco, la fuerza, la luz y un montón de cosas más. Por otro lado, tenemos las notas a pie de Truant, el último poseedor de los documentos, que va comentando lo que lee y relacionándolo con episodios de su vida. ¿Habéis visto Padre de Familia alguna vez? ¿Os acordáis de alguna de las veces en las que Peter Griffin dice aquello de “esto me recuerda a…” y acaba contando una historia que nada tiene que ver con la historia original? Pues eso. Si Navidson está como loco tratando de descubrir por qué su casa mide más por dentro que por fuera, Truant salta con un “y esto me recuerda cuando me fui a un pub y me puse hasta el culo de noséqué y conocí a esta tía que había estado liada antes con noséquién” y al final Truantdelasnarices se marca dos páginas de nota al pie que dejan al lector descolocado.

Pero tranquilos, que las notas de Truant no son lo peor: lo peor son las otras. Al inocente lector que llega y comienza a leer la historia de Navidson se la cuelan todas: te cuelan las cientos de notas al pie de sinónimos, de referencias bibliográficas que no aportan nada. Así era yo, hasta que alguien me dijo: “lee sólo las notas al pie de Truant”. Eso hice. Para cabrearme, tampoco os penséis.

¿Qué es entonces La casa de hojas? Pues un juego de muñecas rusas. Historias dentro de historias, de la que subyace el leitmotiv de la novela: Navidson y su casa. Una casa en la que, como he dicho antes, aparece una puerta. Y claro, quién no entraría en esa puerta. Para encontrarse un laberinto dentro de un laberinto, un mundo de ecos y desconocimiento. Eso es La casa de hojas.

¿Cómo puedo saber adónde voy si no sé dónde estamos? O sea, en serio, ¿dónde está este lugar en relación con aquí, con nosotros, con todo? ¿Dónde?

Pero más allá de esto, La casa de hojas es una obra de arte. Sí, del arte de la maquetación. Y ante esto no puede una sino quitarse el sombrero. Cómo narices habrán podido cuadrar las notas al pie, los recuadritos, las escrituras raras, tras la traducción es un misterio. Un trabajo arduo de narices.

Entonces, ¿me ha gustado? ¿Es esto un despelleje? Pues bien. Me he aburrido como una ostra, sobre todo al principio. No me gusta Kerouac, no me gusta Welsh: esto es, no me gustan las historias de desenfreno pastillero y promiscuidad sexual sinsentido porque me aburren. Así que la parte de Truant me ha hecho sufrir. Seguía porque este Danielewski lo hace bien, nos engaña como un trilero, enseña sus muñequitas rusas y pensamos que es fácil saber dónde está la pelotita que nos dará el premio. Pero no, amigos. Nunca se le gana a un trilero. Cuando comienzas el juego sales con menos dinero del que llegaste. Así que nos marea, nos enseña la zanahoria de la historia de Navidson, nos la pone delante de la nariz para que continuemos, y nosotros tragamos con cientos de páginas de notas al pie, con cargar con un puto espejo para leer un puto recuadrito que no aporta nada a la historia (y nosotros tan felices), con darle la vuelta al librito cada vez que toca, con continuar en ese laberinto que es Zampanò, Truant y unas cuantas chicas del montón.

Y sí, llegado al punto hasta he oído ecos en mi pasillo, hasta he mirado detrás de las puertas para ver qué era ese ruido. Hasta he perdido la cuenta de que tenía que seguir mirando la pelotita. Probablemente hasta me haya olvidado de ella.

La Casa de hojas marca de agua

Me ha gustado. Me decía a mí misma hace un tiempo. Hasta que, (y tú eres la culpable, Niebla Espesa), mi hermana me dijo que lo iba a comprar, y yo aseveré, demasiado rápido y demasiado contundente que se ahorrara los 30 euros porque se lo prestaba yo.

Eso significa algo, me dije, porque yo siempre recomiendo comprar determinados libros.

Entonces, ¿esto qué es? Es un juego de trileros. Y con ellos siempre se pierde. Es una experiencia, es un tío listo de narices que ha creado una historia simple pero que la ha complicado tanto que la ha convertido en una novela casi de culto. O por lo menos en una novela que muchos compramos por el placer de tenerla en el estante. Es un espectáculo visual, de juegos de palabras en momentos determinados. De contener el aliento porque durante 30 páginas va espaciando la frase hasta dejar un folio casi vacío.

Pero no os engañéis. Sigue siendo un espectáculo de trileros. No es un mago que juega con las palabras, ni una demostración de cómo el autor nos toca la fibra. Es un show. Un espectáculo donde el que mueve los hilos es un trilero, un tramposo, un tipo listo que sabe qué quiere conseguir.

A fin de cuentas, los espectáculos de los trileros son así: teorizamos sobre dónde está la pelotita y salimos con menos dinero en el bolsillo. En mi caso, con 30 euros menos.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • No le encuentro comparación. Al menos de momento.
Pros
  • El experimento que supone la casa.
  • Espectáculo visual y maquetación brillante.
Contras
  • Se hace pesado por momentos.
  • Las notas al pie de página. El que disfrute con Truant estará encantado.

Namaste.

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10 Responses to “La casa de hojas, Mark Z. Danielewski”


  1. 24/03/2014 en 10:20

    Pensaba en cómo comentar tu reseña. Y no sé cómo explicar lo que llevo en la cabeza. Mi madre siempre dice que es de mala educación cambiar las opiniones ajenas por otras que coincidan con las nuestras, pero te diré -eh! no lo he leído aún! me da miedo!- que todo libro que te exija el doble de lo normal, aunque la recompensa sea frugal, es un libro que merece la pena.

    Te veo con tus espejos, con tus pasillos, con tus bíceps desarrollados hasta límites insospechados tras la lectura, como pesa el libro, joder! Y sonrío. Y no sé si lo habrás pasado mal -yo lo pasé fatal con La Broma Infinita- pero siempre me alegro cuando algo me saca de mi zona de confort. Cuando algo llega y me dice:

    ‘No esta historia no transcurre en una campiña inglesa llena de higueras bajo las que leer y tomar té.’

    Los libros con los que más me he enfadado son los libros que recuerdo con el ceño fruncido al principio y, después, con una sonrisa de tonto y de sabio. De paz con el pasado, de tregua con nuestras versiones anteriores quejicas y poco extensivas.

    ¿No es justo por eso que, reformulando la review de Sarah, siempre recordamos al primer novio aunque gracias a los dioses ya no esté con nosotros?

  2. 2 Niebla Espesa
    24/03/2014 en 11:58

    De hecho fuiste tan tajante que no lo he comprado 🙂
    Pero tampoco me has quitado las ganas de leerlo tras tu reseña. Eso si, los comentarios igual me los salto, todos. Como con la poesía, algunos libros es mejor autointerpretarlos que entender exactamente lo que pretendía el autor.

  3. 3 Andrés Torres Scott
    24/03/2014 en 20:53

    No se, me lo recomiendas o no

  4. 4 La Estupenda
    25/03/2014 en 19:04

    Hay que reconocer que ya solo con el título me llama la atención. No se si llegaré a leérmelo en algún momento pues estoy hasta arriba de libros retrasados, pero si tengo tiempo puede que me lo compre y lo lea.

    Kiss

    La Estupenda

    http://elojoquetodololee.blogspot.com/

  5. 27/03/2014 en 21:04

    *DRAMATIZACIÓN*
    Karen se toma una taza de té (nota 385)
    ___
    385: El otro día llamé a Christine, que había estado leyendo a Zampanò y me dijo que sí, que además del cine de serie B le gustaba mucho el té. Esto me recuerda a Lorelai, que me la tiré el otro día en un club mientras mi amigo Lude se tiraba a su amiga y nos poníamos hasta las cejas de coca. Y ya no sé de lo que estábamos hablando pero EH, te he contado mis experiencias sexuales.

    xD pues ya sabes que lo estoy leyendo y aunque a mí no me está aburriendo para nada -tengo una capacidad maravillosa para no morirme del asco con libros que a otros les parecen tediosos, tendré que hacérmelo mirar- sí que encuentro un poco demasiado excesiva la trama de Truant. Me gusta porque el personaje me parece muy interesante, y si aun así me resulta demasiado, me imagino lo que pasaría si no me gustase :_ Pero te doy la razón en que es una PASADA la maquetación. Yo es que lo estoy flipando TANTO. Y eso que voy por la parte en la que Tom cuenta chistes, aún me queda un montón.

    Un beso!

  6. 28/03/2014 en 19:52

    Con este libro me pasa que me encanta leer la opinión de los que lo han leído, peor no tengo pensado comprarlo: porque muchos coincidís en que la historia no es gran cosa; porque vale una pasta que daría para libros mucho mejores; porque me podría llegar a hartar tanto lío entre páginas… Pero sigo queriendo leer sobre él; pero no leerlo. Me gustan los libros de terror, pero no este. Seguramente será un libro muy recordado -no sé si llega al punto de ser una novela de culto-.

  7. 13/04/2014 en 04:02

    También considero que el libro es un espectáculo de maquetación. A mí sí que se me hicieron pesadas las partes de Truant. prefería mil veces avanzar en las aventuras de Navidson. La forma de ciertos pasajes, como cuando hay una o dos frases por página, aumentó mi temor, me ponía nervioso, me hizo disfrutar de la lectura. A mí me parece muy recomendable.

  8. 8 Thorpe Bumbury (Alias Pecola)
    13/06/2014 en 12:30

    -No hay cosa que me joda más que me quieran contar un chiste y me dejen a medias.
    -Pues a mí no hay cosa que más me joda que me dejen a medias y me quieran contar un chiste.
    (Sabiduría popular)

    Personalmente, a mí no hay cosa que me joda más que me tomen por un chiste, o más bien que me tomen el pelo, cosa que han conseguido con enorme eficacia el amiguete Danielewski y Alpha Decay-Pálido Fuego.
    Para que nos entendamos desde el principio: yo soy un tipo de gustos muy variados pero también muy definidos: si quiero escuchar rock, me pongo el Rocket to Russia de Ramones, y si quiero ponerme rarito/exquisito, pincho el The ConstruKction of Light de King Crimson; pero, coleguita, aquí viene el meollo del asunto: sé a lo que voy.
    Bueno, pensaréis, a veces mola hacer como Bilbo Bolsón cuando le dijo esta famosa frase al pusilánime de Frodo: “Es muy peligroso, Frodo, cruzar la puerta, pones un pie en el camino, y si no cuidas tus pasos no sabes hacia donde te llevarán” (o algo así) . Pues bien: no para mí. Veréis, yo soy una persona atada de buen grado a dos programas; uno de ellos me indica, por horas, mis actividades diarias, que cumplo rigurosamente, y el otro me señala qué libros he de leer. El primero no viene al caso en este momento; hay gente que piensa que eso es monotonía, aunque yo lo llamo coherencia. El segundo, sí. Es un programa en Excel que he dispuesto rigurosamente: un libro de literatura (cualquier género), un libro de historia (ya sea académico o historia novelada), uno de pensamiento (filosofía, política, o lo que sea), y vuelta a empezar. En este momento son Suave es la Noche, de Scott Fitzgerald, Zaragoza, de Pérez Galdós, y Un Llamamiento a los Esforzados, Oprimidos y Exhaustos Pueblos de Europa, de León Trotsky. ¿Veis a lo que voy? Ninguno de estos libros te llama a engaño. Todos sabemos qué esperar de los tres autores. Son de una claridad meridiana.
    Y ahora, ¡Oh, albricias! ¡Gritad conmigo aleluya, vecinos y amigos! Aparece en el mercado un tocho maquetado por el primo disléxico de Andy Warhol, a colorines y diferentes tipos de fuente, que nos aseguran es el Moby Dick del género del terror, que Hará que no duermas por la noche, y que es Un libro profundamente aterrador. A ver, amiguete, lo de Moby Dick debe ser por el peso del mamotreto, que no duermas por la noche se deberá al Síndrome del Túnel Carpiano que te va a causar de sostenerlo en vilo en la cama, y profundamente aterrador te va a resultar cuando pienses que esa pasta la podrías haber invertido en un par de títulos de la colección Great Ideas de Taurus y en unas birras y unas bravas en Sol con tus colegas.
    Y es que la propuesta del libro es cojonuda (ya sabemos todos de qué va la vaina), pero cuando tienes una idea del copón de la baraja, hijo, la tienes que desarrollar hasta dejarla al dente, y si te sobran 500 páginas de 659, pues déjalo ahí y no te hagas líos con meta-libros, maquetaciones marcianas y colorines.
    ¿Que la oscuridad da canguelo? Eso nos lo explicó magistralmente Lovecraft en El que Susurra en la Oscuridad en tan sólo 84 páginas (en Bruguera Libro amigo), ¿qué hay relaciones tormentosas que pueden acabar destrozando un hogar y todo su entorno? Mira, qué casualidad, eso me lo está contando de forma exquisita y enormemente elegante Fitzgerald en Suave es la Noche. ¿Que mira-que-idea-más-guapa-un-manuscrito-encontrado? Joder, astronauta, anda que no se han escrito asuntos al respecto: desde el terror clásico (Manuscrito Encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki, 1804) hasta la Sci-Fi (Memorias encontradas en una Bañera, Stanislaw Lem, 1961). Que vale, que es lícito retomar un tema, darle forma diferente, modelarlo a tu estilo literario, tal y como hizo magistralmente Stephen King con la figura del vampiro en Salem’s Lot, pero hay que ser honesto, chaval; si quieres dar miedo, dalo, que sé que sabes; si quieres contar rolletes amorosos, hazlo; no te voy a comprar, pero habrá quien lo haga. Pero hay que ser claro, honesto y conocer tus límites; no estires una idea hasta que llegue un momento en que no sepas cómo salir del jardín en el que te has metido y tengas que hacerlo a base de podadora.
    En definitiva, la dieta Dukan del género del terror, o la Coca-Cola Light de lo maligno (gracias, Doctor Maligno).


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