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Alguien dice tu nombre, Luis García Montero


Cuando un lector se topa con un autor que le ha encantado es normal que repita y le vuelva a leer. Así que, tras la lectura de Mañana no será lo que Dios quiera, tenía que regresar a García Montero antes o después, para comprobar cómo desarrolla otra trama.

Alguien-dice-tu-nombreAlguien dice tu nombre fue el libro escogido. Situado en la España de los años sesenta, un tiempo gris y aburrido lleno de funcionarios franquistas, León, un joven estudiante, comienza a trabajar como vendedor de enciclopedias en una pequeña empresa del sur del país.

Desde el primer momento al lector se le deja claro de qué trata esta novela, y no es sino de la vida, de la juventud, de la ilusión y de las promesas de futuro. Vamos, de los inicios. Ya en la página 14 encontramos el siguiente fragmento:

El camarero dice que se quedó viudo el diecinueve de abril de mil novecientos sesenta y que desde entonces su vida perdió sentido. Se ha plantado el día de mi santo. Vaya casualidad. Aunque yo prefiero no relacionar esa quietud con la muerte, sino con la falta de vida. No es lo mismo. Los muertos están en los cementerios, rodeados de flores o de olvido. La falta de vida sale todos los días a la calle, va a trabajar o a estudiar, toma café en los bares y se nos mete en el cuerpo a la hora de pensar y de soñar.

Lo que no sabe León es lo que se va a encontrar en el trabajo, no sólo sus compañeros y su jefe, sino la red de contactos que establecerá allá donde va a tratar de colocar los pesados tomos de su enciclopedia. Su táctica, una avasalladora retahíla de demostración sobre las iniciales del cliente. Para muestra, lo intenta con su propio nombre:

Mire usted, Lev Nikolaievich, conde de Tolstoi, señor León, mamífero carnívoro perteneciente a la familia de los félidos, conviene mucho saber que hay otros animales que empiezan por la letra L, como el leopardo, que es también muy fiero, aunque no tenga una melena en la nuca. La L está en nuestro cuerpo a través de los lunares, y en el cielo gracias a la luna, y en la literatura por maestros como Luis de Góngora, como Fray Luis de León, que tiene una doble L en el sosiego de una vida retirada, o como León Tolstoi, usted sin ir más lejos. Y quien dice en la literatura dice en la historia, porque hubo muchos papas que se llamaron León, y muchas reinas que fueron bautizadas como Leonor, y un revolucionario de su mismo país llamado Lenin, y leyendas interesantes que necesita conocer un hombre de letras para que en sus libros aparezcan las tierras africanas de Lesoto, y los palacios de Letonia, y las sequías del Líbano. Para la mala vista nada mejor que unas lentes, para la lectura nocturna una linterna y para la sequía litros y litros del líquido elemento.

¿Qué le voy a decir yo a usted, León? Que esto es un ejercicio propio de lerdos. Un lerdo es como un tonto escrito con L. Una letra maravillosa para pensar en el huevo del piojo llamado liendre, y en la enfermedad llamada lepra, y en la mano manchada de lefa, y en las mentiras que aquí se cuentan sobre la palabra libertad, y en los problemas de limpieza cuando falta el agua, y en la mala suerte de Santiago de Liniers, que fue un marino francés del siglo XVIII, tuvo la infeliz ocurrencia de hacerse español y acabó fusilado en el Río de la Plata. ¿Qué quiere que le diga? Que no me resisto a quedarme aquí, en este piso de estudiante abandonado, y que ahora mismo me voy a la calle.

(Página 40)

Si bien en el fragmento anterior el autor acude a su tradicional prosa poética, notamos que en general, el tono es bien diferente: gana la prosa, la trama y su desarrollo, en detrimento de metáforas y adjetivos. Nada que ver con Mañana no será lo que Dios quiera.

En el plano de la trama, tenemos una relación amorosa previsible y que me ha recordado demasiado a El lector, de Bernhard Schlink. El tono, la diferencia de edad, incluso las actividades que realizaban (la recurrente opción por la ducha, enmarcada esta vez en un momento de sequía estival) no me han dejado abstraerme para disfrutar de los capítulos en los que aparecía la pareja. Más bien me daba la sensación de estar viendo a El lector reloaded, una mezcla entre la historia del alemán con aspectos españoles y clichés varios.

En cuanto a la trama subyacente, que se desvela al final de la novela, no me pareció esperable (como me comentó María, que había leído decir a otros blogueros), aunque tampoco me pareció que le diera demasiado empaque a la historia en sí. Creo que no era necesario que todo estuviera hilado por algún motivo, pero me temo que la voluntad del autor era que, gracias a ese golpe de efecto, todo lo demás trascendiera y pusiera en valor el resto de detalles.

Sin embargo, tengo que reconocer que me ha gustado el tono juvenil acorde con su narrador, la visión de la fuerza por querer hacerlo todo a la vez, la sensación de querer comerse el mundo y de que su momento ha llegado.

A Consuelo tengo que explicarle que resulta absurdo sacrificar las tardes próximas por el día de mañana. Necesito atracar el banco del tiempo, transformarme en un ladrón profesional para vivir la vida sin perder un segundo.

En definitiva, una historia entretenida, pero de la que esperaba bastante más. En general creo que es un buen acercamiento a la obra novelística de García Montero, pero mis expectativas eran otras. No puedo evitar recordarme a mí misma, cuando colocaba el marcapáginas al terminar un capítulo, ladeando la cabeza y diciendo psé. Y eso es una mala señal.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • El lector, Bernhard Schlink. (Si omitimos muchas tramas adyacentes)

Pros

  • La fuerza juvenil que desprende.

Contras

  • La previsibilidad de la trama amorosa.

 Namaste.


3 Responses to “Alguien dice tu nombre, Luis García Montero”


  1. 23/06/2015 a las 12:27

    A mi me gustó mucho, pero también es verdad que fue el primero que leí del autor. A lo mejor si hubiera leído otro antes no me habría impresionado tanto… Ahora me llevo apuntado Mañana no será lo que dios quiera, porque parece que te ha gustado más que éste. Ah, y El Lector, que tampoco lo he leído…
    Por cierto, a mi tampoco me pareció previsible la trama subyacente…
    ¡Besotes!

    • 2 lahierbaroja
      25/06/2015 a las 21:00

      Lee “Mañana no será lo que Dios quiera”, ya verás como te encanta. “El lector” se lee en una tarde, lo que me falta es la película.

      Me sorprendió lo que me comentó María, la verdad es que yo no lo vi venir.

      ¡Gracias por pasarte Pi!


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