Archivo para 31 diciembre 2016

31
Dic
16

Balance de 2016 (III): joyas.

Este año ha sido muy pero que muy sencillo decidir qué ha sido lo mejor que he leído en 2016. Han destacado tanto de entre los demás que justo antes de terminarlos, sabía que iban a aparecer aquí.

  • Entre dos mundos, Upton Sinclair. La apasionante vida de Lanny Budd en el periodo de entreguerras es una de esas historias que atraen, enganchan y entretienen, uno de esos descubrimientos por los que das gracias al haberte topado con una joya de este calibre que para terminar de alegrarlo, se trata de una saga, así que tengo diversión para rato.
  • Manual de mujeres de la limpieza, Lucia Berlin. Prometía muchísimo, ha aparecido en todas y cada una de las listas de los mejores libros publicados en este año, y no se equivocaban. Ácida, molesta, inteligente, dura y sincera, Berlin nos ofrece unos relatos de esos en los que uno se reconcilia con el mundo editorial y con las novedad.
  • La cartuja de Parma, Stendhal. Una novela exigente, muy completa, estéticamente perfecta, que además ha compartido muchos momentos a mi lado. Uno de esos libros que simplemente pensando en él, me acordaré de qué hacía cuando lo leía.
  • Breve historia de siete asesinatos, Marlon James. El último Premio Booker es un rompecabezas situado en Jamaica que nos acerca al intento de asesinato de Bob Marley. Es distinto, complejo e irreverente y muy recomendable.

Mi última petición de este 2016 que se acaba: escoged uno de estos cuatro libros y leedlo. Sólo por eso habrá merecido seguir un año más escribiendo por aquí.

Ahora, es el momento de disfrutar.

Namaste.

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29
Dic
16

Balance de 2016 (II): destacados.

En el apartado de los libros que me han gustado este año, destacan los siguientes:

  • La amiga estupenda, Elena Ferrante. La fiebre Ferrante ha llegado para quedarse, y aunque esperaba una historia más compacta, reconozco que es uno de esos libros que te dejan con ganas de más, así que en breve le pondré remedio y leeré el segundo.
  • La balada de Iza, Magda Szabó. No es fácil incluir tantos temas en una historia relativamente corta sin que pierda fuerza, creando unos personajes potentes que reflexionan sobre muchas cosas. Una novela desasosegante que me ha sorprendido mucho.
  • Departamento de especulaciones, Jenny Offill. Curiosa forma de escribir la de Offill, saltando de un momento temporal a otro para narrarnos la vida de un matrimonio. Sin caer en la superficialidad, simplemente esbozando cada situación.
  • Sofia Petrovna, una ciudadana ejemplar, Lidia Chukóskaia. Los entresijos soviéticos de la historia novelada de una mujer que escribió en un cuaderno de escuela. Pienso en este libro y se me pone un nudo en el estómago.
  • En lugar seguro, Wallace Stegner. Un libro en el que empiezas a subrayar y no sabes dónde parar. Tierno, humanista, inteligente para no acabar cayendo  en la cursilería… Stegner sabe lo que hace.
  • La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa. La dura historia de los conspiradores de la muerte de Trujillo, sus planes para cometer el atentado y mucho más. Te quedas pegado a sus páginas.
  • A contraluz, Rachel Cusk. Sorpresa mayúscula este fin de año con una de esas novelas que te pillan a contrapie y que desde la primera página te demuestran que lo vas a disfrutar mucho. Una delicia.
  • Mendel el de los libros, Stefan Zweig. En este caso, lo contrario: previsible. Zweig es un valor seguro. Hay que leerlo.
  • La otra vida de Ned Blackbird, Alexis Ravelo. Mi primer Ravelo, una suerte de libro inteligente y complejo del que os hablaré más adelante. Ojo con él.

Las joyas, como viene siendo habitual, para el final.

Namaste.

26
Dic
16

Balance de 2016 (I): abandonos y decepciones.

Última semana del inmisericorde 2016, que se ha llevado a Prince, a Umberto Eco y ayer mismo, a George Michael. Momento de repasos y balances, porque aunque el tiempo no se para nunca, aunque a veces tenga la sensación de que se me escurre de las manos.

Abandonos:

Sorprendentemente, ninguno. Este año he escogido mejor o ya que estaba he querido terminar el libro para despellejarlo…

Despellejes:

  • La verdad sobre el caso Harry Quebert, Joël Dicker. El peor de los peores que he leído en varios años. Personajes arquetípicos, diálogos absurdos, giros de giros de giros para garantizar sorpresas al lector y muchas, muchas repeticiones.

Decepciones:

  • Asesinos sin rostro, Henning Mankell. Poco que añadir a lo que ya dije en la reseña, el estilo me dejó fría y que el autor se detuviera en detalles a día de hoy anacrónicos, me sacó totalmente de la historia.
  • El gatopardo, Lampedusa. Por la ventana veo gente con antorchas que viene hacia mi casa. Quizá lo habría disfrutado más si no hubiera estado leyendo a la vez a Stendhal. El caso es que a mí no me ha trasmitido nada a pesar de ser una novela impecable. Voy a ver que llaman a la puerta.
  • Hacia el amanecer, Michael Greenberg. Esperaba mucho más, y creo que el autor podría haber exprimido mucho más el tema que trata y aportar mucha información relevante. No ha sido así.
  • Me llamo Lucy Barton. Elizabeth Strout. Una novela que figura en los libros más destacados de este año, junto a Lucia Berlin, y que me animé a leer precisamente por eso. No ha sido así.

Pasad unas muy felices Navidades.

Namaste.

23
Dic
16

Hacia el amanecer, Michael Greenberg

Hace mucho, mucho tiempo que Bartleby publicó la reseña de este libro, por lo que pasó a formar parte de mi Plan Infinito. En mi última visita a la biblioteca decidí tomarlo prestado y leerlo por fin.

Hacia el amanecer trata sobre la historia real de la hija de Greenberg, que ha de ser ingresada en un hospital psiquiátrico como consecuencia de un ataque psicótico lo cual desvelará la enfermedad mental de la muchacha.

hacia-el-amanecerEn su día me atrajo el tema, añadido por el hecho de que el propio padre de la enferma contara su historia: la sorpresa inicial seguida por la incertidumbre y el desconocimiento, cómo vive la familia su internamiento, las dudas de los padres y las eternas preguntas. Muchos hilos para abordar un tema complejo sin caer en los tópicos, donde aprender mucho del tema para aquéllos que no sabemos demasiado sobre él.

Sin embargo, conforme iba leyendo todo lo que esperaba de este libro no se iba cumpliendo. La sensación creciente de que algo no encajaba del todo persistía, y me encontraba pasando las páginas aburrida ante tanta repetición, al darme cuenta de que el libro es bastante más simple de lo que yo había imaginado.

Y es que la sensación que da es que Greenberg se siente culpable de alguna forma por la situación y por ello ha de repetir más a menudo de lo que me gustaría lo buen padre y buena persona que es, su capacidad profesional y el amor que siente por su hija. Por si fuera poco, sobran determinados recursos literarios, como saltos temporales que no aportan nada, licencias que parecen querer adornar el texto pero que le quitan importancia, muchas repeticiones, usos de los mismos argumentos y sobre todo, poco análisis.

Esperaba que Greenberg ahondara bastante más en las temáticas que surgen de la enfermedad mental, pero en lugar de eso toca los temas de una forma muy superficial para centrarse en sus propios sentimientos y sensaciones como padre, y qué queréis que os diga, a mí lo que me importa no es eso.

Soy de las que piensan que menos es más, y no entiendo por qué en determinadas ocasiones los autores o las editoriales se empeñan en alargar textos que siendo mucho más cortos habrían ido al meollo del asunto. Por eso me da rabia pensar que si se hubiera tratado de un reportaje sobre el tema habría mucho más análisis, que era lo que andaba buscando.

Para mí, la historia se ha quedado al otro lado del espejo, siendo Hacia el amanecer un simple reflejo de parte de la enfermedad, perdiendo una oportunidad de oro para explicar, describir y analizar una situación tan al límite.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • Hacia rutas salvajes, Jon Krakauer. (Por la no-ficción)
Pros
  • El tema que cuenta siendo el narrador el padre de la persona que sufre el episodio psicótico.
Contras
  • El enfoque del tema.
  • Mucha repetición y poco análisis.

Namaste.

20
Dic
16

Mendel el de los libros, Stefan Zweig

Probablemente este título sea uno de los más famosos de Stefan Zweig, y justo por eso, y porque muchos lectores lo habían recomendado, lo busqué en el índice de mi edición de Novelas del autor que publicó Acantilado. Para mi mala suerte, no se encontraba, así que tenía en mente cogerlo prestado de la biblioteca para, por fin, conocer la historia de Mendel.

mendel-el-de-los-libros

Ya sabéis que no me gusta destripar un libro, que huyo de narrar todas y cada una de las cosas que suceden. Si eso en ocasiones no es fácil con un libro de 300 páginas, imaginaos con uno de menos de 100.

La historia de Mendel es la de un librero solitario sentado en un café de Viena, que conoce y memoriza catálogos de libros, absorto de un mundo que le resulta ajeno.

El gran Mendel, al que todos acudían para conseguir un libro, vive tan al margen de la realidad que no entiende por qué hay situaciones que cambian o qué sucede más allá de sus libros.

El resto es el estilo impecable y desgarrador de Zweig: incisivo y casi poético pero deprimido y pesimista, el autor despliega en una breve historia las palabras necesarias para que vivamos el destino de un personaje único. Todo en menos de cien páginas: la sencillez, la exactitud de su estilo pero siempre con un regusto amargo, el que acompaña épocas turbulentas, llenas de violencia y cambios.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo exquisito del autor.
  • Cómo crea un personaje tan fuerte en unas pocas páginas.
Contras
  • He sentido pena por un librero que no lee los libros, sino que sólo los memoriza. Serán cosas mías.

Namaste.

14
Dic
16

A contraluz, Rachel Cusz

Leer un libro del que vamos anotando muchos fragmentos y páginas es siempre una muy buena señal. Lo atípico es hacerlo desde las primeras páginas.

Antes siquiera de conocer de qué trataba este libro marqué este fragmento:

Durante unas semanas, vivió en un estado de aturdimiento, como el aturdimiento que sigue a una herida antes de que el dolor asome abriéndose paso lenta pero implacablemente por entre la cerrada niebla analgésica.

(…)

Las cosas no sucedieron como él había imaginado, por supuesto. El bache no solo había desestabilizado el matrimonio; lo había obligado a tomar un camino totalmente distinto, un camino que no era sino un largo rodeo que no iba a ninguna parte, un camino en el que él no pintaba nada y por el que, de vez en cuando, todavía hoy tenía la sensación de transitar.

Página 17

a-contraluzLa cosa se acentuó cuando llegué a la página 19 y me encontré con ésto:

Recuerdo a mis hijos de bebés, sentados en la trona y tirando cosas solo para verlas caer al suelo, actividad que les resultaba tan placentera como terribles eran sus consecuencias. Se quedaban mirando lo que hubiera caído -una galleta a medio comer o una pelota de plástico- cada vez más nerviosos ante la incapacidad de la cosa para regresar. Al final se echaban a llorar, y por lo general se encontraban con que el objeto en cuestión volvía a ellos por la vía del llanto. Siempre me sorprendía que su reacción a esa cadena de acontecimientos consistiera en repetirlos: en cuanto tenían el objeto en las manos, volvían a tirarlo inclinándose hacia delante para ver cómo caía. Su regocijo no disminuía nunca, y su angustia tampoco. Yo siempre esperaba que en un momento u otro se dieran cuenta de lo innecesario de su angustia y se decidieran a evitarla, pero nunca ocurría. El recuerdo del sufrimiento no surtía efecto alguno en su decisión: al contrario, los obligaba a repetirla, pues ese sufrimiento era la magia que obraba el regreso del objeto, lo que les permitía volver a experimentar el placer de tirarlo.

Vaya. Cojo aire y continúo leyendo esa prosa hipnótica, que fluye sin que te des cuenta, sabiendo lo poco que conocemos de una narradora: una británica que acude a Atenas a impartir un curso de escritura. Una mujer con un matrimonio a sus espaldas y varios niños. Hasta ahí.

Sin embargo, A contraluz nos enseña precisamente eso: las sombras de los personajes que se encuentran con la mujer y que se abren en canal, mostrándole sus miedos y vivencias. Así, la temática varía desde el desamor o la felicidad hasta la búsqueda del individuo, la duda, la creatividad o la dificultad para sentirse cómodo en la piel de uno.

La persona que se sienta a su lado en el avión, sus alumnos o algunos de los profesores que coinciden con ella en el curso comienzan a contarle aspectos de su pasado, como si el hecho de hablar con una desconocida supusiera el abandono de los prejuicios o la sensación de sentirse juzgados, de modo que se acrecienta sus ganas de contar sus sentimientos y recuerdos.

Palabras y más palabras. Palabras que se deslizan y se nos escurren de las manos. Palabras que fluyen empujadas por la prosa de Cusk, potente para meternos en el cuerpo el gusanillo de seguir leyendo pero invisible. Sabemos que la autora se mide y se contiene, que controla el uso de las palabras y las temáticas para conseguir el mayor impacto posible. A contraluz es uno de esos libros difíciles de describir pero de los que notas, como la capa de invisibilidad de Harry Potter, lo llevas encima, te cala, está ahí aunque cuando termines el libro no sepas bien ni quién te contaba la historia ni cuál era la trama.

Quizá todo esté ahí: las palabras en forma de siluetas que reflejan una sombra en la pared. La sombra de los personajes y sus dudas, y una narradora que resulta ser la catalizadora de todas las personas con las que se encuentra. Y páginas y páginas de fragmentos subrayables.

Gracias a Libros del Asteroide por el envío.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • La cantidad de fragmentos destacados desde las primeras páginas.
  • La variedad de temáticas que trata la autora.

Contras

  • El cierre del libro.

Namaste.

12
Dic
16

IMM (46)

Las últimas incorporaciones a mis estanterías de este 2016 son las siguientes:

imm-46

 

  • A contraluz, Rachel Cusz. Sólo con la mención de Jeffrey Eugenides de esta novela ya tenía ganas de ver qué podía encontrar en su interior. Lo he leído recientemente así que la reseña la tendréis en breve. Envío de Libros del Asteroide.
  • Los dientes del dragón, Upton Sinclair. Tercera parte de la saga de Lanny Budd, y el libro por el que le concedieron el Premio Pulitzer al autor en 1943. Esperaba la publicación de este libro con muchas ganas desde que saldría en otoño, y tenerlo en mis manos me da la sensación de conseguir una tabla de salvación en medio de un aguacero. ¡Cuántas ganas de empezarlo! Gracias a los amigos de Hoja de Lata por el envío.
  • Our mutual friend, Charles Dickens. Como dice el refrán, quien no tenga cabeza que tenga pies. En este caso hay gente que no tiene pies (o si los tiene es como si no los tuviera), pero que confía mucho en lo que tiene encima de los hombros. Uno de esos libros que llegan inesperadamente al buzón y que me recuerdan una vez más que lo que tengo con Dickens son algo más que cuentas pendientes. See you in another life, brother.

Pasar por una biblioteca implica escoger algo para leer, inevitablemente. En esta ocasión tomé prestados tres libros:

  • Mendel el de los libros, Stefan Zweig. Anotado desde hacía mucho, no se incluía en mi ejemplar de Novelas de Zweig que os comenté alguna vez. Una novelita que no llega a cien páginas de la que os hablaré dentro de poco.
  • La otra vida de Ned Blackbird, Alexis Ravelo. Atram, de Leer sin prisa, es una de esas blogueras que me obligan a anotar muchos títulos en mi Plan Infinito. A Ravelo lo tengo apuntado desde hace mucho, y cuando vi éste en la mesa de novedades decidí que era un buen momento para leerle.
  • Hacia el amanecer, Michael Greenberg. Recomendado por Bartleby desde hace una eternidad (si nos fiamos de su reseña, que data de 2012, imaginaos), lo encontré un poco por casualidad y decidí que era un buen momento para tacharlo de mi lista. También lo he terminado.

 

Suculentas lecturas para este fin de 2016, para quitar algún título de nuestro Plan Infinito… y para apuntar otros tantos.

Namaste.




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