Archive for the 'Autor' Category

10
Feb
17

Felicidad familiar, Laurie Colwin

Tras publicar Tantos días felices, Libros del Asteroide vuelve a publicar a Colwin con esta novela.

felicidad-familiarY en esta Felicidad familiar, la autora nos cuenta la historia de Polly. Miembro de un clan de conocidos abogados y reputado en su comunidad, casada felizmente con otro abogado y madre de dos hijos. Su vida sigue el compás establecido por una melodía que lleva en los genes: hija solícita, madre amantísima, esposa intachable. Ella hace lo que se espera de sí misma, lo que se supone que ha de ser un miembro de la familia Solo-Miller: esos los que miran a los que tienen problemas por encima del hombro, los que juzgan a los demás, manteniéndose en una burbuja de felicidad y corrección. Sobre todo corrección.

Polly es una pieza que funciona perfectamente engrasada. La que nunca se olvida una fecha, la que participa en la vida de sus hijos, la que siempre está perfecta en cada cena y reunión social. Pero además, es la que no debe mostrarse más de allá de lo que se espera de ella. Todo es sencillo así. Cada uno tiene su papel y no hay más que continuar con él hasta el fin de los días.

Sin embargo, en esa melodía arrolladora, Polly se salta un compás, se come una corchea, comienza a ir contracorriente aunque nadie lo note. Nuestra protagonista conoce a un pintor que no puede ser lo más opuesto a su marido, y se convierten en amantes. De repente la verdad sale a la luz: la realidad de que durante su vida ha estado interpretando un papel, de que no es feliz y de que su vida no le place como se supone que debería.

El papel de Polly no consistía en ser elogiada, sino en elogiar; no en ser distinguida, sino en distinguir. Su excelencia se consideraba normal y corriente, no una cualidad por la cualidad por la que hacer alharacas.

Pero había ocurrido algo y Polly no sabía qué. Se sentía como si una mañana hubiera despertado de un sueño profundo y lúcido cuyo contenido ya no pudiera recordar, pero que lo había cambiado todo. Se había abierto una puerta y por ella había entrado Lincoln, que la distinguía y elogiaba por su excelencia, y quería saber todo lo que ella pensaba y sentía.

¿Podía ser falso todo aquello en que había creído desde siempre?

Página 144

De repente surge la fractura, la comparación entre el esposo, demasiado ocupado para preguntarle siquiera cómo le ha ido el día, y el amante, un solícito soltero que se dedica a cuidarla. Enfrentada ante dos formas de ver la vida, lo que ha sido frente lo que podría ser, Polly se aturde y se confunde.

Así, todo aquello que veía normal, su papel dentro de una familia que más que por la felicidad de cada uno de los miembros se preocupa por su desarrollo social y el mantenimiento de su estabilidad como familia, las cosas no parecen tan claras.

Acompañamos a la protagonista por cada una de sus fases, la sorpresa, la comparación del pasado con el presente, las dudas sobre los actos y exigencias del resto de su familia, su análisis personal y su huida hacia delante hasta tomar las riendas de su propia vida. Despliega para ello la autora un estilo directo y aparentemente sencillo que da en el clavo de cada asunto, reflejando una situación que bien podría ser real. Es muy fácil meterse en la historia porque Colwin lo hace posible: conseguimos conectar con los personajes, consigue que la madre de Polly nos saque de quicio, que queramos ser Polly para poder tirar del mantel en la cena. Pero también sentimos la desilusión de sentirse timada, frustrada y descolocada. No es nada fácil hilarlo todo en el proceso que atraviesa la protagonista, y sin embargo, Colwin lo hace posible de una manera que podría parecer fácil pero que no lo es. Además, si a eso sumamos que la historia no decae en ningún momento (al revés, queremos llegar al final), Felicidad familiar se convierte en una de esas historias que se disfrutan desde la primera página hasta la última, de esos libros para empezar a leer un fin de semana de mal tiempo y no salir de casa hasta terminarlo.

¿Por qué no este?

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Lo fácil que lo hace la autora para contar muchas cosas.
  • No os perdáis la reseña de Sub_zero.
Contras
  • No sabéis las ganas que he tenido de pegar a la madre de Polly.

Namaste.

07
Feb
17

El péndulo de Foucault, Umberto Eco

Si echo la vista atrás y pienso en alguno de los libros que supusieron un pilar en mi vida como lectora, sin duda este libro se encontraría en ese listado.

el-pendulo-de-foucaultRecuerdo que lo leí hace mucho años, que me quedé alucinada con lo que tenía entre manos y que llegado un punto levanté la vista y me quedé con la mandíbula a punto de desencajarse.

Tiempo después, llegué hasta a cabrearme con Eco cuando leí El cementerio de Praga, pero tras el fallecimiento del italiano y, sobre todo, tras este artículo de la Jot Down que firma Josep Lapidario, consiguió que se me empañaran los ojos y que decidiera que lo iba a releer. (Sí, también aparece en el programa de Convénzeme, pero al pobre no le dejan explicarse).

El momento llegó el año pasado, con la llegada del otoño y aprovechando una lectura conjunta.

Nuestros protagonistas son tres: Causabon, Belbo y Diotavelli. Estudiosos amantes de la historia, comienzan a tirar de un hilo conspiranoico que se les volverá en contra un tiempo después. Un hilo en el que aparecen los templarios, los rosacruces, los judíos y hasta Hitler.

¿Es posible que la realidad no sólo sobrepase a la ficción, sino que la preceda, o más bien se apresure, con adelanto, a reparar los daños que la ficción provocará?

Página 227

El péndulo de Foucault es un laberinto de teorías, referencias históricas y literarias y muchas, muchas curiosidades. Una oda satírica a los libros que se pondrían de moda después, los best-sellers pseudohistóricos, los misterios con protagonistas que buscan el Grial, el arca de Noé o la tumba de algún apóstol. Eco lo toma como punto de partida y lo malea, consiguiendo una magnífica pasta en la que, como buen semiótico, cabe todo. Un despliegue de efectos, flashbacks, conocimientos, historias y anécdotas por parte de un enorme escritor que nos muestra una parte de las cosas que le interesan y que conoce.

Me estaba preguntando quiénes somos nosotros. Nosotros, que pensamos que Hamlet es más real que el portero de nuestra casa. ¿Qué derecho tengo a juzgar a éstos, yo que voy buscando a Madame Bovary para armarle un escándalo?

Página 441

Y es que desde las citas que enmarcan cada capítulo, hasta los recuerdos evocadores de Belbo, pasando por los diálogos, caben multitud de temas, de reflexiones y de referencias históricas, literarias, cinéfilas, filosóficas. Lógicamente, tomándolo como partida, surgen comentarios y polémicas en muchísimas de las cosas que dicen y hacen esos personajes.

A partir de entonces, todo búho vivo me habría parecido muerto, entregado por Salon a aquella esclerótica eternidad. Observé el rostro de aquel embalsamador de faraones bestiales, sus cejas pobladas, sus mejillas grises, y traté de descubrir si era un ser vivo o una obra maestra de su propio arte.

Página 567

Obviamente, en un libro de 800 páginas hay momentos en los que se puede hacer un poco pesado o denso. El mismo autor admitía que las 150 primeras páginas eran una prueba para el lector. La verdad es que lo recordaba mucho más denso. Quizá ahora sabía lo que me esperaba. Mi recomendación es que os toméis vuestro tiempo al leerlo. Veréis cómo en determinados capítulos no queréis dejar de leer. Simplemente dadle un poco de margen.

Volver a leer un libro que nos ha marcado tanto tiempo después es toda una experiencia. Por un lado, la sorpresa de olvidar muchos detalles, de no recordar qué ocurre a continuación, qué fue primero y qué ocurrió después. Sin embargo, conforme avanzaba la familiaridad con personajes, diálogos y las citas que acompañan los capítulos se hacía patente.

Comentar, además, cada fragmento destacado, cada tema polémico que sale a colación, cada opinión que los personajes nos generan no hace más que dar más valor a la historia. Intuir qué es lo que viene y que la otra persona que lee el libro se entusiasme por él, recordar esa misma sensación que uno sintió en la primera lectura… eso lo consiguen los buenos libros.

Y si después de todo el recorrido, de pasar cada página, de acabar con los post-it y de llegar al final uno se pregunta: ¿Ya? Sólo queda añadir: Siempre nos quedará París. Y el Péndulo.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • El nombre de la rosa, Umberto Eco.
Pros
  • La cantidad de temas que surgen.
  • El estilo de Eco para componer una historia compleja.
Contras
  • El inicio se puede hacer un poco cuesta arriba.

Namaste.

23
Ene
17

Me llamo Lucy Barton, Elizabeth Strout

Lo que me sucede con muchas novedades es que de tanto verlas por redes sociales, librerías y blogs, acabo queriendo leerlas. En este caso fue Oesido el que me comentó si lo había leído, y ahí pasó a mi libreta.

Al poco tiempo, buscando un libro cortito para empezar, pensé que este era una buena opción.

Hacia-rutas-salvajesMe llamo Lucy Barton es la historia de una hija que está hospitalizada y que durante el tiempo de convalecencia conversará con su madre de muchos temas que jamás habían tratado, donde cobran importancia los recuerdos compartidos de un pasado remoto, donde se acercan la una a la otra tras mucho tiempo separadas y donde reflexionan sobre su vida.

Un planteamiento a priori, interesante, una visión unánime de la crítica. Y sin embargo, no.

Quizá no me ha gustado por una mezcla de sensaciones: en primer lugar, el tufillo descarado de la similitud con Lucia Berlin, pero hecha desde la copia, desde la falta de originalidad. Las copias siempre siempre tratan de parecerse al original pero aunque desde fuera podrían asemejarse cuando uno presta atención no es lo mismo. Eso ocurre aquí: un estilo que trata de llegar pero no lo consigue, una prosa que pretende llegar al fondo del asunto pero que se queda en la superficie.

Después, el horror, esa pátina de reflexión sobre la vida, lo importante del tiempo, que tenemos que aprovechar y todo eso que si está bien hecha me gusta y si está hecha de forma torticera me repatea y me enfada. (Llegando a una cadena de bostezo-enfado-bostezo-crujir de mandíbula). Me recuerda a un mal libro de autoayuda.

Quizá la historia en sí no está mal, pero si añadimos las altas expectativas después comentarios como éste, más la sensación de ver la etiqueta de la tienda de los chinos en cada frase, en cada diálogo (quién no ha tenido la sensación de comparación: esto yo lo he visto pero mejor hecho anteriormente), en cada intento de situación manida, que trata de emocionar al lector pero que se queda en una superficialidad cursi que, sinceramente, no va conmigo.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Es corto y no se tarda mucho en leer.
Contras
  • La sensación de copia y superficialidad según vas leyendo.
  • ¡No he anotado NI UNA SOLA FRASE! Eso dice bastante…

Namaste.

17
Ene
17

La otra vida de Ned Blackbird, Alexis Ravelo

Alexis Ravelo es uno de los autores que llevaban tiempo anotado en mi agenda, gracias a la aportación de Atram. Cuando me topé con este ejemplar en la biblioteca, no lo dudé y decidí llevármelo a casa, aprovechando que no era una lectura muy larga.Carlos Ascanio es un profesor universitario que llega a una nueva ciudad para trabajar en un puesto vacante. Al alquilar un piso que había sido habitado por una anciana ya fallecida, acabará de sellar su destino.

Con la curiosidad del que quiere conocer más a la antigua inquilina, Carlos comienza a indagar entre los papeles, cartas y otra documentación de la señora que se guarda en uno de los cuartos del su piso alquilado.

la-otra-vida-de-ned-blackbirdPalabras, palabras y más palabras. Las que lee Carlos, las que escribió la antigua inquilina, las que usa y retuerce Ravelo para construir una trama llena de sorpresas y de peligros, de casualidades y causalidades.

El asombro espera al hombre en los lugares más insospechados. Con Carlos Ascanio tuvo una cita en su propia cama.

Página 25

La otra vida de Ned Blackbird es una historia curiosa, que juega con los límites de la realidad, la búsqueda del individuo y la superación de los prejuicios a la hora de valorar el modo de vida de otras personas, todo conectado por un hilo que mantiene un equilibrio inestable entre la vida de Carlos y la de la anciana. Además, abundan las referencias literarias, planteándose un diálogo con el lector que sobrepasa la mera descripción de la trama y de la acción, una especie de juego con el que Ravelo demuestra de qué calibre está hecho.

En estos días entiendo perfectamente cómo debía de sentirse Ascanio en aquellos en los que exploraba los últimos diarios, las últimas cartas. Sé de esa desazón. Ese deseo de saber más. De entender más. Ese olvido de todo lo presente para rebuscar en el pasado. Ese desequilibrio entre lo que uno es y lo que ellos fueron: la merma ineluctable en la propia identidad cuando uno se sumerge en los recuerdos de otro.

Página 147

Y es que en La otra vida de Ned Blackbird todo está medido, la ralentización de la trama, los golpes de efecto y las historias dentro de la historia principal, para desviar la atención de un lector que acaba metiéndose hasta la médula en una historia inteligente, delicada y muy pero que muy bien escrita.

Una de esas historias que cuando llegas a la última línea tienes claro que podrías volverla a leer para no perderse ninguno de los detalles y matices que pasaron por alto en la primera ocasión.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Sintetizar en 200 páginas ese despliegue literario.
  • La inteligencia que demuestra Ravelo al crear la historia.
Contras
  • La sensación de querer volverla a empezar en cuanto la terminas.

Namaste.

23
Dic
16

Hacia el amanecer, Michael Greenberg

Hace mucho, mucho tiempo que Bartleby publicó la reseña de este libro, por lo que pasó a formar parte de mi Plan Infinito. En mi última visita a la biblioteca decidí tomarlo prestado y leerlo por fin.

Hacia el amanecer trata sobre la historia real de la hija de Greenberg, que ha de ser ingresada en un hospital psiquiátrico como consecuencia de un ataque psicótico lo cual desvelará la enfermedad mental de la muchacha.

hacia-el-amanecerEn su día me atrajo el tema, añadido por el hecho de que el propio padre de la enferma contara su historia: la sorpresa inicial seguida por la incertidumbre y el desconocimiento, cómo vive la familia su internamiento, las dudas de los padres y las eternas preguntas. Muchos hilos para abordar un tema complejo sin caer en los tópicos, donde aprender mucho del tema para aquéllos que no sabemos demasiado sobre él.

Sin embargo, conforme iba leyendo todo lo que esperaba de este libro no se iba cumpliendo. La sensación creciente de que algo no encajaba del todo persistía, y me encontraba pasando las páginas aburrida ante tanta repetición, al darme cuenta de que el libro es bastante más simple de lo que yo había imaginado.

Y es que la sensación que da es que Greenberg se siente culpable de alguna forma por la situación y por ello ha de repetir más a menudo de lo que me gustaría lo buen padre y buena persona que es, su capacidad profesional y el amor que siente por su hija. Por si fuera poco, sobran determinados recursos literarios, como saltos temporales que no aportan nada, licencias que parecen querer adornar el texto pero que le quitan importancia, muchas repeticiones, usos de los mismos argumentos y sobre todo, poco análisis.

Esperaba que Greenberg ahondara bastante más en las temáticas que surgen de la enfermedad mental, pero en lugar de eso toca los temas de una forma muy superficial para centrarse en sus propios sentimientos y sensaciones como padre, y qué queréis que os diga, a mí lo que me importa no es eso.

Soy de las que piensan que menos es más, y no entiendo por qué en determinadas ocasiones los autores o las editoriales se empeñan en alargar textos que siendo mucho más cortos habrían ido al meollo del asunto. Por eso me da rabia pensar que si se hubiera tratado de un reportaje sobre el tema habría mucho más análisis, que era lo que andaba buscando.

Para mí, la historia se ha quedado al otro lado del espejo, siendo Hacia el amanecer un simple reflejo de parte de la enfermedad, perdiendo una oportunidad de oro para explicar, describir y analizar una situación tan al límite.

FICHA:

Te gustará si te gustó
  • Hacia rutas salvajes, Jon Krakauer. (Por la no-ficción)
Pros
  • El tema que cuenta siendo el narrador el padre de la persona que sufre el episodio psicótico.
Contras
  • El enfoque del tema.
  • Mucha repetición y poco análisis.

Namaste.

20
Dic
16

Mendel el de los libros, Stefan Zweig

Probablemente este título sea uno de los más famosos de Stefan Zweig, y justo por eso, y porque muchos lectores lo habían recomendado, lo busqué en el índice de mi edición de Novelas del autor que publicó Acantilado. Para mi mala suerte, no se encontraba, así que tenía en mente cogerlo prestado de la biblioteca para, por fin, conocer la historia de Mendel.

mendel-el-de-los-libros

Ya sabéis que no me gusta destripar un libro, que huyo de narrar todas y cada una de las cosas que suceden. Si eso en ocasiones no es fácil con un libro de 300 páginas, imaginaos con uno de menos de 100.

La historia de Mendel es la de un librero solitario sentado en un café de Viena, que conoce y memoriza catálogos de libros, absorto de un mundo que le resulta ajeno.

El gran Mendel, al que todos acudían para conseguir un libro, vive tan al margen de la realidad que no entiende por qué hay situaciones que cambian o qué sucede más allá de sus libros.

El resto es el estilo impecable y desgarrador de Zweig: incisivo y casi poético pero deprimido y pesimista, el autor despliega en una breve historia las palabras necesarias para que vivamos el destino de un personaje único. Todo en menos de cien páginas: la sencillez, la exactitud de su estilo pero siempre con un regusto amargo, el que acompaña épocas turbulentas, llenas de violencia y cambios.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo exquisito del autor.
  • Cómo crea un personaje tan fuerte en unas pocas páginas.
Contras
  • He sentido pena por un librero que no lee los libros, sino que sólo los memoriza. Serán cosas mías.

Namaste.

14
Dic
16

A contraluz, Rachel Cusz

Leer un libro del que vamos anotando muchos fragmentos y páginas es siempre una muy buena señal. Lo atípico es hacerlo desde las primeras páginas.

Antes siquiera de conocer de qué trataba este libro marqué este fragmento:

Durante unas semanas, vivió en un estado de aturdimiento, como el aturdimiento que sigue a una herida antes de que el dolor asome abriéndose paso lenta pero implacablemente por entre la cerrada niebla analgésica.

(…)

Las cosas no sucedieron como él había imaginado, por supuesto. El bache no solo había desestabilizado el matrimonio; lo había obligado a tomar un camino totalmente distinto, un camino que no era sino un largo rodeo que no iba a ninguna parte, un camino en el que él no pintaba nada y por el que, de vez en cuando, todavía hoy tenía la sensación de transitar.

Página 17

a-contraluzLa cosa se acentuó cuando llegué a la página 19 y me encontré con ésto:

Recuerdo a mis hijos de bebés, sentados en la trona y tirando cosas solo para verlas caer al suelo, actividad que les resultaba tan placentera como terribles eran sus consecuencias. Se quedaban mirando lo que hubiera caído -una galleta a medio comer o una pelota de plástico- cada vez más nerviosos ante la incapacidad de la cosa para regresar. Al final se echaban a llorar, y por lo general se encontraban con que el objeto en cuestión volvía a ellos por la vía del llanto. Siempre me sorprendía que su reacción a esa cadena de acontecimientos consistiera en repetirlos: en cuanto tenían el objeto en las manos, volvían a tirarlo inclinándose hacia delante para ver cómo caía. Su regocijo no disminuía nunca, y su angustia tampoco. Yo siempre esperaba que en un momento u otro se dieran cuenta de lo innecesario de su angustia y se decidieran a evitarla, pero nunca ocurría. El recuerdo del sufrimiento no surtía efecto alguno en su decisión: al contrario, los obligaba a repetirla, pues ese sufrimiento era la magia que obraba el regreso del objeto, lo que les permitía volver a experimentar el placer de tirarlo.

Vaya. Cojo aire y continúo leyendo esa prosa hipnótica, que fluye sin que te des cuenta, sabiendo lo poco que conocemos de una narradora: una británica que acude a Atenas a impartir un curso de escritura. Una mujer con un matrimonio a sus espaldas y varios niños. Hasta ahí.

Sin embargo, A contraluz nos enseña precisamente eso: las sombras de los personajes que se encuentran con la mujer y que se abren en canal, mostrándole sus miedos y vivencias. Así, la temática varía desde el desamor o la felicidad hasta la búsqueda del individuo, la duda, la creatividad o la dificultad para sentirse cómodo en la piel de uno.

La persona que se sienta a su lado en el avión, sus alumnos o algunos de los profesores que coinciden con ella en el curso comienzan a contarle aspectos de su pasado, como si el hecho de hablar con una desconocida supusiera el abandono de los prejuicios o la sensación de sentirse juzgados, de modo que se acrecienta sus ganas de contar sus sentimientos y recuerdos.

Palabras y más palabras. Palabras que se deslizan y se nos escurren de las manos. Palabras que fluyen empujadas por la prosa de Cusk, potente para meternos en el cuerpo el gusanillo de seguir leyendo pero invisible. Sabemos que la autora se mide y se contiene, que controla el uso de las palabras y las temáticas para conseguir el mayor impacto posible. A contraluz es uno de esos libros difíciles de describir pero de los que notas, como la capa de invisibilidad de Harry Potter, lo llevas encima, te cala, está ahí aunque cuando termines el libro no sepas bien ni quién te contaba la historia ni cuál era la trama.

Quizá todo esté ahí: las palabras en forma de siluetas que reflejan una sombra en la pared. La sombra de los personajes y sus dudas, y una narradora que resulta ser la catalizadora de todas las personas con las que se encuentra. Y páginas y páginas de fragmentos subrayables.

Gracias a Libros del Asteroide por el envío.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • La cantidad de fragmentos destacados desde las primeras páginas.
  • La variedad de temáticas que trata la autora.

Contras

  • El cierre del libro.

Namaste.




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