Posts Tagged ‘Anagrama

13
Mar
19

La trama nupcial, Jeffrey Eugenides

Quería leer a Eugenides pero temía lo que me iba a encontrar. Mi percepción auguraba una flamante decepción, tras haber leído Middlesex, de la que poco más puedo añadir más que enlazaros la reseña y recomendárosla encarecidamente.

La-trama-nupcialAsí, aunque lo compré y lo mantenía a la vista para cuando lo necesitara, La trama nupcial se iba quedando en un segundo plano, hasta que a raíz de un viaje en la que no podía llevar los enormes libros que estoy leyendo, decidí empezar éste. Vale, no es muy corto pero al menos es una edición mucho más manejable.

En La trama nupcial tenemos tres personajes: Madeleine, la bella joven interesada por la literatura, Leonard, el galán con el que Madeleine empezará una relación, y Mitchell, el tercero en discordia.

Eugenides utiliza un narrador en tercera persona que no conoce todo de cada uno de ellos, sino que se mantiene al lado de cada personaje como testigo de lo que les va ocurriendo. Además, utiliza los cambios de capítulo para saltar de uno a otro, y los saltos temporales para mantener el interés del lector.

El personaje no deja de ser más que el motivo perfecto para ahondar en el tema que representan. Para Madeleine: el amor, los momentos de iniciación en la adolescencia y los novios que tuvo hasta llegar a la universidad. A partir de aquí, sus estudios y su interés por la novela victoriana. Sin embargo, llegados a un determinado momento, cuando el autor considera necesario, nos presenta a otro personaje, creado hilos entremezclados con objeto de ganar complejidad poco a poco. Así, en el momento en el que Madeleine conoce a Mitchell comenzaremos a ponernos en la piel de este peculiar chico, su relación con nuestra protagonista y sus pasos en la búsqueda espiritual. Al que conocemos más como presencia pero menos internamente (exactamente como todos los que le rodean, que tienen una imagen de él distorsionada de lo que es en realidad) es a Leonard, envidiado por Mitchell, amado por Madeleine, personaje muy bien creado y complejo, que gana en aristas según vamos leyendo.

A Madeleine no le había servido de gran cosa. (…) Como lectora no estaba interesada en la figura del lector (…), era absolutamente feliz con la idea del genio. Quería que un libro la llevara a lugares donde ella no podría llegar por sí misma. Pensaba que un escritor tenía que trabajar más para escribirlo que ella para leerlo. Cuando se trataba de letras y de literatura, Madeleine defendía una virtud que había caído en desgracia: la claridad.

Página 65

(INCISO QUE CONTIENE SPOILERS DE LA TRAMA: Por poner un ejemplo, al contarnos la ruptura entre Madeleine y Leonard, primero conocemos el punto de vista de ella, fragmentado y poco descriptivo, y nos quedamos exactamente como ella: sin comprender lo que realmente ha ocurrido. No es sino unos capítulos más tarde cuando, desde el punto de vista de Leonard conoceremos la otra parte de la historia, comprendiendo por fin qué ha sucedido).

Mi prejuicio se vio confrontado cuando empecé a leer la novela. Ayudó que tuviera bastante tiempo para leer y así puede avanzar rápido, conocer la vida de Maddie y encontrarme muchos brillos que encontré en la anterior novela que leí del autor. Pero después, empecé a pensar que a fin de cuentas estaba en lo cierto y que la novela se iba a empantanar cuando vi que hacia la mitad del libro los temas religiosos eran mayoría, y es que la búsqueda espiritual de respuestas por parte de Mitchell y parte de su viaje a la India se me hizo más pesada y aburrida. No sé si es porque este tipo de temas me aburren o bien que el autor se detiene demasiado en ellos.

Sonaba a algo que Santa Teresa -que lo escribió quinientos años atrás – había experimentado, algo tan real como el jardín que podía verse desde la ventana de su convento de Ávila. Uno puede distinguir la diferencia entre alguien que describe algo inventado y alguien que utiliza un lenguaje metafórico para describir una experiencia inefable, pero real.

(…)

Había libros que se abrían paso a través del ruido de la vida y te agarraban del cuello de la chaqueta y te hablaban sólo de las cosas que encerraban más verdad. Una confesión era un libro de ésos.

Página 270

Sin embargo, una vez que Mitchell regresa y cuando Eugenides vuelve a interesarse por Maddie y Leonard, la historia continua de forma potente, retrotrayéndose al pasado para acercarnos a los recuerdos de Leonard ahora que ya conocemos los de Madeleine.

Para cuando se perfilaba el final me temía que la historia acabara de una forma demasiado arquetípica, cayendo en los tópicos habituales de las historias de amor, en un buenismo justiciero en el que todo fuera de color de rosa. Por suerte, el reencuentro final de los tres personajes pone un broche perfecto a la historia, donde por fin se cerrará un círculo que comenzó en el campus universitario.

Eugenides es un escritor inteligente, que sabe medir lo que nos cuenta para conseguir golpes de efecto, que utiliza los saltos temporales en los momentos exactos para obtener tensión, misterio o resolución según prefiera crear una u otra en el lector. Lo hizo en Middlesex

Así que una vez superado mi prejuicio, sí, a por Las vírgenes suicidas.

FICHA:

Te gustará si te gustaron
Pros
  • La narración repartida entre los tres personajes.
  • El personaje de Leonard. Fragmentos y fragmentos marcados. Moli, me he acordado de ti.
Contras
  • El viaje de Mitchell se me ha hecho aburrido.

Namaste.

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10
Sep
18

Una novela rusa, Emmanuel Carrère

Este libro me lo recomendó Miguel Ángel Hernández y esperaba en la estantería desde hace un año.

Historia que engancha: la de un internado en un psiquiátrico ruso tras la Segunda Guerra Mundial que permanece allí 50 años, sin que ni su familia ni su país conozca nada de su supervivencia a la contienda. Surrealista la situación, insólita la historia de un equipo de televisión que acude a la remota ciudad a tirar del hilo en la historia, a conocer por qué estuvo tanto tiempo allí y cómo fue posible que no remitieran ningún tipo de información a su país de origen. Interesante desde la primera página, atrae por un estilo directo del autor, adornado con saltos temporales y detalles personales que hacen la historia más compacta.

Aunque podría parecer que la historia principal es la del soldado, conforme vamos avanzando narra sus situaciones personales que le rodeaban en esos momentos: la relación amorosa con Sophie, que varía entre el amor más profundo y una preocupante indiferencia, hasta su historia familiar, que incluye a un abuelo georgiano que desaparece de París al ser acusado de colaboracionista tras la ocupación nazi. Carrère incluye muchos temas, equilibrándolos, ofreciendo una visión global de su relación con la historia que quiere documentar: los viajes y quiénes conoce allí, su proceso de aprendizaje o profundización del ruso, ligado con temas más literarios, como su recuerdo de los libros que ha escrito, o el proceso de creación que daría lugar a este libro.

Una novela rusa tiene poco de lo que vaticina el título del libro, no se trata de una novela, más bien de una historia de no ficción aderezada por componentes autobiográficos, un acercamiento al francés en el que se incluye como parte fundamental tanto la trama de la historia que investiga como él mismo como investigado y personaje principal. La mezcla es interesante, poderosa, envolvente. Si lo que primero nos atrae es la historia del soldado y todas las implicaciones que conlleva (la empatía, la incesante duda de cómo pudo ocurrir), el resto de temas que podrían parecer accesorios consiguen que veamos diversas facetas del escritor igualmente interesantes, olvidando en muchos casos de que el tema principal no es la vida de Càrrere.

Entiendo por qué Miguel Ángel Hernández mencione al autor, también Llucia Ramis, dado que tanto El dolor de los demás como Las posesiones beben mucho de la influencia del inglés, de la búsqueda del equilibrio entre lo narrado y lo vivido, de este género extraño que es la autoficción.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La mezcla de la historia que estudia y la propia del autor.

Contras

  • Hacia la mitad de libro se me hizo algo pesado cuando el autor cuenta varios temas de su vida.

Namaste.

23
Jul
18

El dolor de los demás, Miguel Ángel Hernández

El dolor de los demás comienza con una de esas frases que se te enquistan en la piel:

Hace veinte años, una Nochebuena, mi mejor amigo mató a su hermana y se tiró por un barranco.

Página 16

La frase es poderosa por ser contundente. Pero además, lo es porque sabemos que es real, que lo que hay detrás no es ficción: el mejor amigo de Miguel Ángel, Nicolás, mató a su hermana Rosi tras cenar en Nochebuena con su familia. 20 años después Hernández decide investigar un hecho que le marcó tanto como adolescente, y para ello mantendrá conversaciones con las personas que conocieron el caso, revisará las noticias publicadas sobre el suceso y tratará de localizar el expediente, de 1995, antes de que el mundo fuese totalmente informatizado y organizado en Internet.

El-dolordeLa narración se fragmenta en dos partes: de un lado, capítulos en segunda persona del singular, en el tiempo real de 1995. Por otro, la investigación posterior, en primera persona, que incluye las rutinas y actividades del autor mientras va consiguiendo información y va desenterrando sus recuerdos.

Así, desde el punto de vista del chaval sobrepasado por la situación, el autor nos hace partícipes de una situación dura, de la incomprensión y del estado de shock del Miguel Ángel del pasado. Los momentos de incertidumbre y dudas, para después ir comprendiendo la magnitud del caso.

Además, podemos conocer la reflexión sobre los recuerdos que le quedan de ese momento, el presente y su día a día y la inevitable comparación con el chico de 18 años, sus pensamientos, sus ilusiones, y sobre todo la forma de enfrentarse a un suceso brutal y traumático.

Decían en la presentación del libro, a la que tuve la ocasión de asistir, que este libro no se lee, se bebe. Tenían razón. El libro atrapa, desde una doble vertiente: la de la investigación, la de conocer qué sucedió más allá de la primera frase de la historia, pero también de una forma íntima, acercarse a la vida de uno mismo de otra época, al dolor y a la sorpresa, pero también a la nostalgia, la memoria y el pasado. Es interesante porque al conectar al pasado incluye muchos temas y reflexiona sobre su modo de ver la vida, sobre el modo que tenemos en valorar a las personas, sobre lo que nos parece principal y accesorio, sobre cómo el lugar en el que nos encontramos nos hace mirar la realidad con un cristal diferente.

El dolor de los demás es un libro que nos plantea muchas cosas, pero que también nos hace reflexionar, nos pone en la piel del amigo que acaba de escuchar la frase inicial, nos hace pensar en nosotros mismos, en los que nos rodean, en cómo asimilar determinadas cosas:

¿Podemos recordar con cariño a quien ha cometido el peor de los crímenes? ¿Es legítimo hacerlo después de haber comprendido la parte del otro? ¿Podemos amar sin perdonar? ¿Es posible llevar flores a la tumba de un asesino?

Página 295

Hay libros que hablan por sí mismos: palabra que les dedicamos es estéril comparado con un texto poderoso, sugerente e inteligente. Este es un buen ejemplo.

En cada uno de los recuerdos, también, siempre, la mancha de la noche en que sucedió la tragedia, la oscuridad del crimen, como un cuchillo, cortando el flujo de la memoria. Un denso mur de niebla en el que se proyectaban imágenes, como sombras chinescas, mezclándose con lo sucedido, adquiriendo la textura sombría del dolor, la perplejidad del instante en que Nicolás dejó de se rmi amigo y se convirtió en un ser monstruoso.

Página 99

FICHA:

Te gustará si te gusta

  • Las posesiones, Llucía Ramis.

  • Una novela rusa, Emmanuel Carrère.

Pros

  • La fuerza del texto.
  • Cómo se van incluyendo y sugiriendo diversos temas y reflexiones.

Contras

  • El uso de la segunda persona del singular, que aunque es efectivo, a mí no me gusta nada.

Namaste.

22
Jun
17

IMM (50)

Mis últimas adquisiciones literarias vienen marcadas por la Feria del Libro de Madrid, donde pudimos disfrutar de muchos libros, casetas en la que uno se podría plantear quedarse a vivir, y, este año más que nunca, mucho calor.

El truco de llevar una lista de libros que quería comprar me funcionó el año pasado, y este he seguido la misma táctica. Es la forma más efectiva de no llegar a casa con libros de más, porque entran por el ojo o por lo que sea.

IMM-50

  • Cien años de soledad, Gabriel García Márquez. La nueva edición conmemorativa con motivo del aniversario de la publicación de este gran clásico ya me hacía ojitos desde el Día del Libro. Además de estar ilustrada es de tapa dura y merece estar en la estantería de todos los lectores. Es cierto que ya tengo una edición de este libro, pero para la relectura este ejemplar es magnífico.
  • El maestro y Margarita, Mijail Bulgákov. Un título que llevaba apuntado bastante en mi libreta. La combinación autor soviético y libro de 500 páginas acaba siempre decantando la balanza. Edita Ediciones Nevsky.
  • Una novela rusa, Emmanuel Carrère. Tanto esta como El adversario me los habéis recomendado en varias ocasiones. Para que veáis, os hago caso. Soy de las que hace los deberes el domingo a última hora pero intento seguir el ritmo.
  • Canadá, Richard Ford. Otro autor que no he leído nunca, así que ya era hora de ponerse. La caseta de Anagrama es una de mis favoritas… así que fue difícil escoger solo estos dos y no atarse con una cadena a ella.
  • El libro de Gloria Fuertes. Blackie Books se ha sacado una pedazo de edición de la manga con esta antología de poemas, donde además el lector puede conocer algo más a la mítica Gloria, una de esas figuras omnipresentes en mi infancia pero que desde entonces no he leído. Me iré poniendo a sorbitos.
  • El corazón es un cazador solitario, Carson McCullers. Con motivo del 50º aniversario de la muerte de la autora, Seix Barral ha reeditado su obra, además de añadir algún otro título nuevo. Desde que me enteré presté atención porque quería hacerme con éste. Manda narices que en la caseta de la propia editorial no lo tuvieran… por suerte mi peregrinaje tuvo éxito y conseguí llevármelo buscando por el resto de casetas.

Peor suerte corrieron otros dos títulos: Stoner, de John Williams, que edita Baile del Sol pero no pone caseta en la Feria (y en las 10 casetas que pregunté no lo tenían) y Jane Eyre, de Charlotte Brontë, de las nuevas ediciones de Austral Singular, que me fue imposible encontrar. ¡Y eso que fui dos días y no hubo manera de que lo tuvieran en stock!

Y vosotros, ¿habéis comprado algo en la Feria del Libro de Madrid? ¿Con cuál de todos empiezo?

Felices lecturas.

Namaste.

30
Ene
17

El verano sin hombres, Siri Hustvedt

Tras leer Los ojos vendados, decidí regresar a la autora con El verano sin hombres, una novela que se recomienda bastante (aunque la que tengo anotada en mi libreta sea Todo cuanto amé). Una forma de acercarme a Hustvedt de nuevo con un libro no demasiado largo.

La protagonista es Mia, una poeta que además imparte clases de literatura a adolescentes. Tras 30 años de matrimonio su marido, Boris, le pide una pausa en el matrimonio. Como podréis imaginar, la Pausa era una de sus compañeras de trabajo, francesa para más inri. Comprendida la verdad, Mia explota. Esta es la historia de su proceso.

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En Atenas se instituyó el ostracismo para desembarazarse de ciudadanos sospechosos de haber acumulado demasiado poder. La palabra viene de ostrakon, que significa “fragmento de cerámica”. Escribían los nombres de los condenados sobre un resto de vasija rota. Trozos de palabras. Las tribus patanes de Pakistán desterraban a los renegados enviándolos a una nada polvorienta. Los apaches hacen caso omiso de las viudas. Temen el paroxismo del dolor y cuando ven a alguien que lo sufre optan por hacer como que no existe. Los chimpancés, los leones y los lobos practican diferentes formas de ostracismo mediante las cuales obligan a abandonar el grupo a uno de los suyos, bien porque sea demasiado débil o demasiado escandaloso para ser tolerado por los demás integrantes de la manada. Los científicos consideran este comportamiento un método de control social “innato y también producto de la adaptación”. El chimpancé Lester ambicionaba más poder del que le correspondía dentro de la manada e intentaba aparearse con hembras que no estaban a su alcance. No se daba cuenta de cuál era su lugar dentro del grupo así que acabaron por expulsarle. Sin los demás, murió de hambre. Los investigadores encontraron su cuerpo escuálido bajo un árbol. Los amish lo llaman Meidung. Cuando uno de sus miembros incumple alguna ley se le rechaza. Suspenden todo tipo de contacto con la persona contra la que se vuelven y ésta acaba sumida en la indigencia o en alguna situación peor. Un hombre compró un coche para llevar a su hijo enfermo al médico, a pesar de que los amish tienen prohibido conducir automóviles. Se le declaró anatema. Todos le ignoraban. Los amigos y vecinos de toda la vida hacían como si no le conocieran. Ya no existía para ellos y, por lo tanto, perdió el sentido de su propia identidad. Su actitud cambió, se encerró en sí mismo y le era imposible comer. Empezó a ver borroso y cuando quiso hablarle a su hijo se dio cuenta de que sólo era capaz de susurrar. Buscó un abogado y denunció a los patriarcas. Poco después su hijo murió. Un mes más tarde murió él. También se conoce el término Meidung como “la muerte lenta”.

Páginas 43-45

En temporada de recuperación de Mia, ella acude a los orígenes y reflexiona. Paradójicamente comprende mejor su situación al relacionarse con personas de otras generaciones. De un lado su madre, que vive en una residencia de ancianas un tanto peculiar; y por otro a través de sus alumnas adolescentes. Así, recupera recuerdos y sensaciones de cómo era, pero al mismo tiempo, recibe una lección de optimismo por parte de unas ancianas que no se rinden.

Mi padre nunca fue gritón y Boris tampoco, pero podía haber mucha fuerza en los silencios, a veces demasiada. El silencio te adentra en el misterio de los hombres. ¿Qué sucede en su interior? ¿Por qué no lo expresan? ¿Están contentos, tristes o enfadados? Debemos de tener mucho, mucho cuidado con ellos. Su estado de ánimo es el clima donde vivimos y nosotras necesitamos que siempre haga sol.

Página 88

Lo que tenemos entre manos es una novela brillante, que afronta diversos temas y los disecciona de una forma analítica pero sin perder el punto estilístico que proporciona la buena literatura. Es una novela que pueden ser muchas, que sugiere temas y va cambiando de tono conforme avanzan las semanas. Al igual que Mia, pasamos por las primeras páginas con el punto de enloquecimiento y sorpresa para desembocar en un estado más tranquilo y racional cuando la situación original se ve en perspectiva.

Pero El verano sin hombres va más allá del tema amoroso y afectivo para llegar a reflexionar sobre el individuo, la forma de ver la vida y el propio ser. Es realista y certero.

Qué pena que yo sea de verdad, había dicho Flora. Le hubiera gustado poder entrar en la casita de muñecas y vivir allí con sus peluches. Qué pena que yo no sea un personaje de un libro o de una obra de teatro, no porque las cosas les vayan mejor que a la mayoría de ellos, pero al menos mi historia estaría escrita en otro sitio. Voy a escribirme en otro sitio, pensé, reinventaré la historia desde otra perspectiva.

Página 95

Tengo que admitir que llegado más o menos a la mitad del libro, empecé a pensar que se estaba repitiendo, que faltaba chispa y había perdido la sorpresa del inicio. Después me encontré este párrafo y me tuve que callar:

Pronto, pensaréis, llegaremos a algún cruce o a una bifurcación en el camino. Aparecerá la ACCIÓN. Habrá algo más que la personificación de un pene envejecido y muy querido, algo más que las extravagantes divagaciones de Mia, algo más que presencias y Don Nadies. Algo más que Amigos Imaginarios o muertos o Pausas u hombres que ya están fuera de escena, por Dios Santo, a ver si alguna de esas ancianas o alguna de esas adolescentes poetas o la vecina joven y afable o la endeble versión de un niña de cuatro años que aspira a ser Harpo Marx o incluso el pequeñito Simon HACEN ALGO. Yo os prometo que lo harán. Que algo se está cociendo. ¡Oh, sí! Se está cociendo el caldero de las brujas. Lo sé porque lo he vivido. Pero antes de que lleguemos a este punto, quiero deciros, Amables Lectores que estáis ahí fuera, que si seguís todavía aquí conmigo, en esta página, es decir, si habéis llegado hasta este párrafo, si no me habéis abandonado ni me habéis lanzado a mí, a Mia, volando por los aires hasta el rincón opuesto de la habitación o incluso si lo habéis hecho pero la curiosidad por ver si pasaba algo pronto os ha hecho volver a abrir el libro y seguir leyendo, entonces quiero deciros que mi deseo es extender lo brazos hacia vosotros, tomar vuestra cara entre mis manos y cubriros de besos, muchos besos en las mejillas, la barbilla, la frente y un beso en el puente de la nariz (sobre todas vuestras diferentes formas de nariz), porque soy vuestra, toda vuestra.

Sólo quería que lo supieseis.

Página 112

¡Así que Hustvedt tenía un conejo en la chistera! ¡Dispuesto a sacarlo cuando fuera necesario! El desdoblamiento del narrador, que se dirige directamente al que estamos al otro lado sorprende por imprevisto y nos hace continuar leyendo.

No sólo continuar hasta el final, sino contestarle:

Siri (porque ya es casi como si te conociera):

Prometo no lanzar ninguno de tus libros hacia ningún rincón. Prometo seguir leyéndote, porque es un placer dejarse acariciar por tus palabras.

Sólo quería que lo supieses.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Cómo afronta el asunto: racional, certera y con estilo.
  • El elenco de secundarios que dan pie a tratar otros temas.
Contras
  • Hacia la mitad parece que la historia decae.

Namaste.

10
Nov
16

Trilogía de la memoria (III): El mago de Viena, Sergio Pitol

Hoy os traigo la tercera parada de la Trilogía de la memoria de Sergio Pitol, tras El arte de la fuga y El viaje.

Trilogía-de-la-memoria

El mago de Viena es el más literario de los tres, el que más reflexiona sobre el acto de leer y la literatura en general. Uno de esos libros sobre libros que nos encanta a los lectores, donde además de llevarnos un montón de títulos y autores apuntados, leemos cosas como ésta:

De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro, dice Borges.

(…)

El libro realiza una multitud de tareas, algunas soberbias, otras deporables; distribuye conocimientos y miserias, ilumina y engaña, libera y manipula, enlatece y rebaja, creaca o cancela opciones de vida. Sin él, evidentemente, ninguna cultura sería posible. Desaparecería la historia y nuestro futuro se cubriría de nubarrones siniestros. Quienes odian los libros también odian la vida. Por imponentes que sean los escritos del odio, en su mayoría la letra impresa hace inclinar la balnza hacia la luz y la generosidad. Don Quijote triunfará siempre sobre Mein Kampf.

Página 454.

O ésta:

Releer a un gran autor nos enseña todo lo que hemos perdido la vez que lo descubrimos. ¿Quién no se ha sentido traspasado al leer en la adolescencia El proceso, Los hermanos Karamazov, El Aleph, Residencia en la tierra, Las ilusiones perdidas, Grandes esperanzas, Al faro, La Celestina o El Quijote? Un mundo nuevo se abría ante nosotros. Cerrábamos el libro aturdidos, internamente transformados, odiando la cotidianidad de nuestras vidas. Éramos otros, querríamos ser Aliocha y temíamos acabar como el pobre Gregorio Samsa. Y sin embargo, años después, al revisitar alguna de esas obras nos parecía no haberlo leído, nos encontrábamos con otros enigmas, otra cadencia, otros prodigios. Era otro libro.

Páginas 464-465.

El autor mexicano profundiza además en la relación lector-autor, esa fijación que sentimos los lectores por determinados escritores. En este caso, él reinvidica de esta forma la obra de Eudora Welty:

LA AUTÉNTICA LECTURA, LA RELECTURA. Nadie lee de la misma manera. Me abochorna enunciar semejante trivialidad, pero no desisto: la diversa formación cultural, la especialización, las tradiciones, las modas académicas, el temperamento personal, sobre todo, pueden decidir que un libro produzca impresiones distintas en lectores diferentes. Acabo de leer Las manzanas doradas, de Eudora Welty, una excepcional narradora del Sur de los Estados Unidos a quien admiro desde hace muchos años. La leo y releo con la mayor atención; en sus narraciones las cosas parecen muy sencillas, son insignificancias de la vida cotidiana o momentos terribles que parecen anodinos; sus personajes son excéntricos y al mismo tiempo muy modestos, como lo es el entorno. Uno podría pensar que estarían desesperados en el minúsculo espacio que habitan, pero es posible que ni siquiera hayan reparado en que fuera de su pueblo existiera otro mundo. Son auténticamente “raros”, provincianos, sí, pero no es una literatura costumbrista; de ningún modo se comportan como una manada. Otra notable escritora del Sur, Katherine Ann Porter, señaló en alguna ocasión que los personajes de Eudora Welty eran figuras encantadas que, para bien o para mal, están rodeadas de un aura de magia. Me parece una definición perfecta. En sus páginas esos pequeños monstruos humanos jamás aparecen como caricaturas sino que están retratados con normalidad y dignidad.

He comentado en varias ocasiones con amigos escritores las virtudes de esta dama; la conocen poco, no les interesa; dicen haber leído algún que otro cuento suyo que recuerdan mal. Están en lo cierto cuando de inmediato, como a la defensiva, afirman que carece de la grandeza de William Faulkner, su célebre coterráneo y contemporáneo, cuyas tramas y lenguajes han sido parangonados tantas veces con las historias y el lenguaje de la Biblia. Los libros de la señorita Welty distan de ser eso, es más, son su revés: un desfile de presencias diminutas, queribles, trágicogrotescas, que se mueven como marionetas trepidantes en alguna mínima ciudad hundida en un sueño divertido y al mismo tiempo cruel, de Mississippi, Georgia o Alabama durante los años treinta o cuarenta del siglo XX. Los lectores de esta autora no son legión. Para los elegidos —y en casi todos los lugares donde he vivido he encontrado a algunos de ellos—, leerla, hablar de ella, recordar personajes o detalles de alguno de sus relatos equivale a un perfecto regalo. Esos lectores por lo general están vitalmente relacionados con el oficio literario, son curiosos, intuitivos, civilizados, están dispersos por el amplio mundo, encerrados igualmente en torres de marfil, en mansiones palaciegas o en inclementes cuartos de alquiler.

Páginas 462-463

Por último, el proceso de escritura, los dejes, manías y referencias de un escritor, en este caso, de él mismo:

Escribo un diario. Lo inicié hace treinta y cinco años, en Belgrado. Es mi cantera, mi almacén, mi alcancía. De sus páginas se alimentan vorazmente mis novelas; desde hace un año lo he desatendido demasiado; las entradas han sido mínimas: unos pocos renglones que señalan el fallecimiento de algún ser querido, desde luego mi hermano, también Sacho, mi perro, y otros amigos más. Escribir un diario es establecer un diálogo con uno mismo y un conducto adecuado para eliminar toxinas venenosas. Quizás el abandono al que aludo se debe a que ese diálogo indispensable se ha trasladado a mis últimos libros, casi todos con un fuerte sedimento autobiográfico; siempre ha estado presente en mis novelas, primero furtiva, luego descaradamente ha llegado a permear hasta mis ensayos literarios. En fin, en cualquier tema sobre el que escribo logro introducir mi presencia, me entrometo en el asunto, relato anécdotas que a veces ni siquiera vienen al caso, transcribo trozos de viejas conversaciones mantenidas no sólo con personajes deslumbrantes sino también con gente miserable, esa que pasa las noches en estaciones de ferrocarril para dormitar o conversar hasta la madrugada.

Página 516

Éste es uno de esos libros que quedan plagados de anotaciones tras su lectura, uno de esos libros que nos agitan como un terremoto y nos cambian nuestra perspectiva en muchos aspectos. Un libro que nos recomienda muchas otras lecturas, otros autores, otros caminos por tomar. De esos que acabas con una lágrima en el ojo al terminar.

No puedo sino agradecer al destino haber entrado a ese vagón de metro en concreto y leer el fragmento que me ha llevado a un libro espectacular, que me ha dado muchas alegrías y que (creo) me seguirá dando otras tantas en el futuro.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Las múltiples referencias literarias.
  • Cómo hila unos temas con otros y va analizándolos.

Contras

  • Hay que leerlo despacio  y poco a poco.

Namaste.

18
Oct
16

IMM (45)

He prometido mantenerme lejos de una librería y la verdad es que voy cumpliendo mi promesa… aunque de vez en cuando me paso a comprar algo, como estas nuevas adquisiciones que se incorporan en otoño a la estantería:

imm-45

  • Tú no eres como las otras madres, Angelika Schrobsdorff. Errata naturae publica este libro del que durante mucho no hacía más que leer en páginas, redes sociales y artículos, así que decidí llevármelo más por curiosidad que por otra cosa. La historia promete ser buena, aunque después nos las veamos y deseemos para pronunciar el apellido de la autora.
  • La España vacía, Sergio del Molino. Un ensayo sobre demografía del que todo el mundo estaba hablando. Aunque el tema pueda resultar poco atrayente, me gusta lo que se ha dicho de este libro y también el punto de curiosidad que tiene para cualquier castellano que viva en la Meseta.
  • Los detectives salvajes, Roberto Bolaño. Sí, este libro ya lo he leído. Sin embargo, lo se trataba de un ejemplar de la biblioteca, y al enterarme de que Alfaguara va publicar toda la obra del chileno y al pensar que mi pobre ejemplar de 2666 de Anagrama se iba a quedar sin compañero, pues decidí que no podía permitirlo y me lancé a comprarlo, en este caso en la versión Compactos. Para mí Bolaño es Anagrama y así se va a quedar.

En el apartado digital, me he hecho con:

  • Instrumental, James Rhodes. Música, autobiografía y maltratos. Una combinación extraña de la que todo el mundo está hablando. A mí me ha podido la curiosidad, y ya lo estoy leyendo. Si no conocéis a Rhodes, podéis echarle un vistazo a la entrevista de Página 2.

 

Esto es todo por el momento. ¿Habéis leído alguno de los libros que os traigo? ¿Por cuál empiezo?

Namaste.




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