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13
Mar
17

Tiene que ser aquí, Maggie O´Farrell

Esta vez empezaré por el final. Porque la clave de esta novela se encuentra en las últimas páginas:

¡Qué diferente podría haber sido todo, qué minúsculas las causas y qué devastadoras las consecuencias!

Página 460

Tiene-que-ser-aquiTouché. Una única frase para dar en el clavo, para concluir la historia. Porque, ¿cómo de distinta habría sido nuestra vida si no hubiéramos tropezado con aquella piedra?, ¿Qué habría pasado si la decisión a tomar hubiera sido distinta?

De todo eso trata Tiene que ser aquí, de Maggie O´Farrell, de la historia de dos personas: Claudette y Daniel, que se conocen por casualidad. Ella, británica, actriz de éxito que huyó del vendaval en el que se convirtió su vida a una casa alejada de todo; él, estadounidense, profesor, recogiendo la urna con las cenizas de un abuelo al que no conoció. Ambos entrelazan la vida que dejaron atrás antes de encontrarse para continuar juntos en una relación estable que desemboca en un matrimonio feliz.

Es casi indescriptible el alivio que siento cuando me toca. Creo que nuestro idioma no tiene una palabra suficientemente generosa que sea capaz de expresar la euforia que me embarga al hundir la cara en su pelo, al zambullirme dentro de su abrigo y apretar su cuerpo contra el mío. ¡Qué redención, recibir amor! Cuando nos aman damos lo mejor de nosotros. No hay nada que pueda sustituirlo.

Página 340

Sin embargo, el pasado sigue ahí. Nos acompaña como una carga o un equipaje. Y de repente, 20 años después, regresa para ponerlo todo patas arriba, para desequilibrar una pareja que parecía sólida.

No me reconozco. Recuerdo que no sabía si estaría cometiendo un gran error (…), si me estaría equivocando. (…) Ahora tengo que dudar de mi buen juicio, dudar de todo, porque es evidente que no tenía la menor idea de la clase de persona que eres en realidad. No sé cómo pude interpretarte tan mal, cómo pude equivocarme de una forma tan espectacular y no ver cómo eres realmente. (…) Pienso en aquel día y me pregunto cómo pude equivocarme tanto.

Página 202

El lector aparece justo cuando la realidad se resquebraja. Así que de lo demás, del pasado y del futuro, irá enterándose a través de lo que cuenten los protagonistas, pero sobre todo, por medio de los secundarios. Saltando siempre en el espacio y en el tiempo para que comprendamos un poco más de dónde vienen y adónde se dirigen Claudette y Daniel.

La prosa de O´Farrell se articula especialmente con la variedad de temas que se tratan a través de ópticas especiales: la visión de un hermano o un niño, un compañero de viaje o un adolescente. Así, los temas van surgiendo y nos ponen de preaviso sobre lo que está por venir, dejando a los protagonistas narrar determinados momentos de sus vidas.

Los saltos temporales son otra de las características fundamentales en esta novela coral. La conciencia del paso del tiempo, del cambio de los personajes, analizar cómo les trata la vida en ese momento y qué ocasionará lo que viene después nos invita a seguir leyendo hasta terminarlo.

En esta ocasión, acabaré por el principio. Porque supe que esta novela era diferente cuando llegué al tercer capítulo.

Había unos números pequeñitos repartidos por el texto, y abajo, al final de la página, en letra tan pequeña que había que entornar los ojos para leerla, aparecían más datos. Notas a pie de página, le dijo su padre que se llamaban cuando se lo preguntó, y le explicó que los números remitían a la información correspondiente. Le entusiasmó este sistema, le parecía una preciosidad que la narración principal fuera por un lado y ahí mismo, al final de cada página, hubiera información complementaria para aclarar todo lo que no se entendía. En ese mismo instante Niall se dijo que su vida necesitaba notas a pie de página y que él mismo las suministraría.

Página 64

Tienes razón, Niall. También yo quiero mi vida con notas al pie de página. Pero mientras la ciencia hace algo al respecto, me basta y me sobra con acercarme a una novela como ésta, que sí las tiene. Una novela de las que embriagan y envuelven, que nos reconcilia con la realidad, no sólo por cómo está escrita, sino por cómo fluye la vida y el tiempo, cómo nos sentimos unidos a los personajes a través de lugares y sentimientos comunes. Una de esas historias con las que suspirar al ver que se termina. Igualito que en la vida.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El uso de los saltos temporales para contar la historia.
  • La variedad de temas que incluye O´Farrell.
Contras
  • Corred a vuestra librería más cercana, ¡hoy sale a la venta!

Namaste.

30
Ene
17

El verano sin hombres, Siri Hustvedt

Tras leer Los ojos vendados, decidí regresar a la autora con El verano sin hombres, una novela que se recomienda bastante (aunque la que tengo anotada en mi libreta sea Todo cuanto amé). Una forma de acercarme a Hustvedt de nuevo con un libro no demasiado largo.

La protagonista es Mia, una poeta que además imparte clases de literatura a adolescentes. Tras 30 años de matrimonio su marido, Boris, le pide una pausa en el matrimonio. Como podréis imaginar, la Pausa era una de sus compañeras de trabajo, francesa para más inri. Comprendida la verdad, Mia explota. Esta es la historia de su proceso.

el-verano-sin-hombres-siri

En Atenas se instituyó el ostracismo para desembarazarse de ciudadanos sospechosos de haber acumulado demasiado poder. La palabra viene de ostrakon, que significa “fragmento de cerámica”. Escribían los nombres de los condenados sobre un resto de vasija rota. Trozos de palabras. Las tribus patanes de Pakistán desterraban a los renegados enviándolos a una nada polvorienta. Los apaches hacen caso omiso de las viudas. Temen el paroxismo del dolor y cuando ven a alguien que lo sufre optan por hacer como que no existe. Los chimpancés, los leones y los lobos practican diferentes formas de ostracismo mediante las cuales obligan a abandonar el grupo a uno de los suyos, bien porque sea demasiado débil o demasiado escandaloso para ser tolerado por los demás integrantes de la manada. Los científicos consideran este comportamiento un método de control social “innato y también producto de la adaptación”. El chimpancé Lester ambicionaba más poder del que le correspondía dentro de la manada e intentaba aparearse con hembras que no estaban a su alcance. No se daba cuenta de cuál era su lugar dentro del grupo así que acabaron por expulsarle. Sin los demás, murió de hambre. Los investigadores encontraron su cuerpo escuálido bajo un árbol. Los amish lo llaman Meidung. Cuando uno de sus miembros incumple alguna ley se le rechaza. Suspenden todo tipo de contacto con la persona contra la que se vuelven y ésta acaba sumida en la indigencia o en alguna situación peor. Un hombre compró un coche para llevar a su hijo enfermo al médico, a pesar de que los amish tienen prohibido conducir automóviles. Se le declaró anatema. Todos le ignoraban. Los amigos y vecinos de toda la vida hacían como si no le conocieran. Ya no existía para ellos y, por lo tanto, perdió el sentido de su propia identidad. Su actitud cambió, se encerró en sí mismo y le era imposible comer. Empezó a ver borroso y cuando quiso hablarle a su hijo se dio cuenta de que sólo era capaz de susurrar. Buscó un abogado y denunció a los patriarcas. Poco después su hijo murió. Un mes más tarde murió él. También se conoce el término Meidung como “la muerte lenta”.

Páginas 43-45

En temporada de recuperación de Mia, ella acude a los orígenes y reflexiona. Paradójicamente comprende mejor su situación al relacionarse con personas de otras generaciones. De un lado su madre, que vive en una residencia de ancianas un tanto peculiar; y por otro a través de sus alumnas adolescentes. Así, recupera recuerdos y sensaciones de cómo era, pero al mismo tiempo, recibe una lección de optimismo por parte de unas ancianas que no se rinden.

Mi padre nunca fue gritón y Boris tampoco, pero podía haber mucha fuerza en los silencios, a veces demasiada. El silencio te adentra en el misterio de los hombres. ¿Qué sucede en su interior? ¿Por qué no lo expresan? ¿Están contentos, tristes o enfadados? Debemos de tener mucho, mucho cuidado con ellos. Su estado de ánimo es el clima donde vivimos y nosotras necesitamos que siempre haga sol.

Página 88

Lo que tenemos entre manos es una novela brillante, que afronta diversos temas y los disecciona de una forma analítica pero sin perder el punto estilístico que proporciona la buena literatura. Es una novela que pueden ser muchas, que sugiere temas y va cambiando de tono conforme avanzan las semanas. Al igual que Mia, pasamos por las primeras páginas con el punto de enloquecimiento y sorpresa para desembocar en un estado más tranquilo y racional cuando la situación original se ve en perspectiva.

Pero El verano sin hombres va más allá del tema amoroso y afectivo para llegar a reflexionar sobre el individuo, la forma de ver la vida y el propio ser. Es realista y certero.

Qué pena que yo sea de verdad, había dicho Flora. Le hubiera gustado poder entrar en la casita de muñecas y vivir allí con sus peluches. Qué pena que yo no sea un personaje de un libro o de una obra de teatro, no porque las cosas les vayan mejor que a la mayoría de ellos, pero al menos mi historia estaría escrita en otro sitio. Voy a escribirme en otro sitio, pensé, reinventaré la historia desde otra perspectiva.

Página 95

Tengo que admitir que llegado más o menos a la mitad del libro, empecé a pensar que se estaba repitiendo, que faltaba chispa y había perdido la sorpresa del inicio. Después me encontré este párrafo y me tuve que callar:

Pronto, pensaréis, llegaremos a algún cruce o a una bifurcación en el camino. Aparecerá la ACCIÓN. Habrá algo más que la personificación de un pene envejecido y muy querido, algo más que las extravagantes divagaciones de Mia, algo más que presencias y Don Nadies. Algo más que Amigos Imaginarios o muertos o Pausas u hombres que ya están fuera de escena, por Dios Santo, a ver si alguna de esas ancianas o alguna de esas adolescentes poetas o la vecina joven y afable o la endeble versión de un niña de cuatro años que aspira a ser Harpo Marx o incluso el pequeñito Simon HACEN ALGO. Yo os prometo que lo harán. Que algo se está cociendo. ¡Oh, sí! Se está cociendo el caldero de las brujas. Lo sé porque lo he vivido. Pero antes de que lleguemos a este punto, quiero deciros, Amables Lectores que estáis ahí fuera, que si seguís todavía aquí conmigo, en esta página, es decir, si habéis llegado hasta este párrafo, si no me habéis abandonado ni me habéis lanzado a mí, a Mia, volando por los aires hasta el rincón opuesto de la habitación o incluso si lo habéis hecho pero la curiosidad por ver si pasaba algo pronto os ha hecho volver a abrir el libro y seguir leyendo, entonces quiero deciros que mi deseo es extender lo brazos hacia vosotros, tomar vuestra cara entre mis manos y cubriros de besos, muchos besos en las mejillas, la barbilla, la frente y un beso en el puente de la nariz (sobre todas vuestras diferentes formas de nariz), porque soy vuestra, toda vuestra.

Sólo quería que lo supieseis.

Página 112

¡Así que Hustvedt tenía un conejo en la chistera! ¡Dispuesto a sacarlo cuando fuera necesario! El desdoblamiento del narrador, que se dirige directamente al que estamos al otro lado sorprende por imprevisto y nos hace continuar leyendo.

No sólo continuar hasta el final, sino contestarle:

Siri (porque ya es casi como si te conociera):

Prometo no lanzar ninguno de tus libros hacia ningún rincón. Prometo seguir leyéndote, porque es un placer dejarse acariciar por tus palabras.

Sólo quería que lo supieses.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Cómo afronta el asunto: racional, certera y con estilo.
  • El elenco de secundarios que dan pie a tratar otros temas.
Contras
  • Hacia la mitad parece que la historia decae.

Namaste.

10
Nov
16

Trilogía de la memoria (III): El mago de Viena, Sergio Pitol

Hoy os traigo la tercera parada de la Trilogía de la memoria de Sergio Pitol, tras El arte de la fuga y El viaje.

Trilogía-de-la-memoria

El mago de Viena es el más literario de los tres, el que más reflexiona sobre el acto de leer y la literatura en general. Uno de esos libros sobre libros que nos encanta a los lectores, donde además de llevarnos un montón de títulos y autores apuntados, leemos cosas como ésta:

De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro, dice Borges.

(…)

El libro realiza una multitud de tareas, algunas soberbias, otras deporables; distribuye conocimientos y miserias, ilumina y engaña, libera y manipula, enlatece y rebaja, creaca o cancela opciones de vida. Sin él, evidentemente, ninguna cultura sería posible. Desaparecería la historia y nuestro futuro se cubriría de nubarrones siniestros. Quienes odian los libros también odian la vida. Por imponentes que sean los escritos del odio, en su mayoría la letra impresa hace inclinar la balnza hacia la luz y la generosidad. Don Quijote triunfará siempre sobre Mein Kampf.

Página 454.

O ésta:

Releer a un gran autor nos enseña todo lo que hemos perdido la vez que lo descubrimos. ¿Quién no se ha sentido traspasado al leer en la adolescencia El proceso, Los hermanos Karamazov, El Aleph, Residencia en la tierra, Las ilusiones perdidas, Grandes esperanzas, Al faro, La Celestina o El Quijote? Un mundo nuevo se abría ante nosotros. Cerrábamos el libro aturdidos, internamente transformados, odiando la cotidianidad de nuestras vidas. Éramos otros, querríamos ser Aliocha y temíamos acabar como el pobre Gregorio Samsa. Y sin embargo, años después, al revisitar alguna de esas obras nos parecía no haberlo leído, nos encontrábamos con otros enigmas, otra cadencia, otros prodigios. Era otro libro.

Páginas 464-465.

El autor mexicano profundiza además en la relación lector-autor, esa fijación que sentimos los lectores por determinados escritores. En este caso, él reinvidica de esta forma la obra de Eudora Welty:

LA AUTÉNTICA LECTURA, LA RELECTURA. Nadie lee de la misma manera. Me abochorna enunciar semejante trivialidad, pero no desisto: la diversa formación cultural, la especialización, las tradiciones, las modas académicas, el temperamento personal, sobre todo, pueden decidir que un libro produzca impresiones distintas en lectores diferentes. Acabo de leer Las manzanas doradas, de Eudora Welty, una excepcional narradora del Sur de los Estados Unidos a quien admiro desde hace muchos años. La leo y releo con la mayor atención; en sus narraciones las cosas parecen muy sencillas, son insignificancias de la vida cotidiana o momentos terribles que parecen anodinos; sus personajes son excéntricos y al mismo tiempo muy modestos, como lo es el entorno. Uno podría pensar que estarían desesperados en el minúsculo espacio que habitan, pero es posible que ni siquiera hayan reparado en que fuera de su pueblo existiera otro mundo. Son auténticamente “raros”, provincianos, sí, pero no es una literatura costumbrista; de ningún modo se comportan como una manada. Otra notable escritora del Sur, Katherine Ann Porter, señaló en alguna ocasión que los personajes de Eudora Welty eran figuras encantadas que, para bien o para mal, están rodeadas de un aura de magia. Me parece una definición perfecta. En sus páginas esos pequeños monstruos humanos jamás aparecen como caricaturas sino que están retratados con normalidad y dignidad.

He comentado en varias ocasiones con amigos escritores las virtudes de esta dama; la conocen poco, no les interesa; dicen haber leído algún que otro cuento suyo que recuerdan mal. Están en lo cierto cuando de inmediato, como a la defensiva, afirman que carece de la grandeza de William Faulkner, su célebre coterráneo y contemporáneo, cuyas tramas y lenguajes han sido parangonados tantas veces con las historias y el lenguaje de la Biblia. Los libros de la señorita Welty distan de ser eso, es más, son su revés: un desfile de presencias diminutas, queribles, trágicogrotescas, que se mueven como marionetas trepidantes en alguna mínima ciudad hundida en un sueño divertido y al mismo tiempo cruel, de Mississippi, Georgia o Alabama durante los años treinta o cuarenta del siglo XX. Los lectores de esta autora no son legión. Para los elegidos —y en casi todos los lugares donde he vivido he encontrado a algunos de ellos—, leerla, hablar de ella, recordar personajes o detalles de alguno de sus relatos equivale a un perfecto regalo. Esos lectores por lo general están vitalmente relacionados con el oficio literario, son curiosos, intuitivos, civilizados, están dispersos por el amplio mundo, encerrados igualmente en torres de marfil, en mansiones palaciegas o en inclementes cuartos de alquiler.

Páginas 462-463

Por último, el proceso de escritura, los dejes, manías y referencias de un escritor, en este caso, de él mismo:

Escribo un diario. Lo inicié hace treinta y cinco años, en Belgrado. Es mi cantera, mi almacén, mi alcancía. De sus páginas se alimentan vorazmente mis novelas; desde hace un año lo he desatendido demasiado; las entradas han sido mínimas: unos pocos renglones que señalan el fallecimiento de algún ser querido, desde luego mi hermano, también Sacho, mi perro, y otros amigos más. Escribir un diario es establecer un diálogo con uno mismo y un conducto adecuado para eliminar toxinas venenosas. Quizás el abandono al que aludo se debe a que ese diálogo indispensable se ha trasladado a mis últimos libros, casi todos con un fuerte sedimento autobiográfico; siempre ha estado presente en mis novelas, primero furtiva, luego descaradamente ha llegado a permear hasta mis ensayos literarios. En fin, en cualquier tema sobre el que escribo logro introducir mi presencia, me entrometo en el asunto, relato anécdotas que a veces ni siquiera vienen al caso, transcribo trozos de viejas conversaciones mantenidas no sólo con personajes deslumbrantes sino también con gente miserable, esa que pasa las noches en estaciones de ferrocarril para dormitar o conversar hasta la madrugada.

Página 516

Éste es uno de esos libros que quedan plagados de anotaciones tras su lectura, uno de esos libros que nos agitan como un terremoto y nos cambian nuestra perspectiva en muchos aspectos. Un libro que nos recomienda muchas otras lecturas, otros autores, otros caminos por tomar. De esos que acabas con una lágrima en el ojo al terminar.

No puedo sino agradecer al destino haber entrado a ese vagón de metro en concreto y leer el fragmento que me ha llevado a un libro espectacular, que me ha dado muchas alegrías y que (creo) me seguirá dando otras tantas en el futuro.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Las múltiples referencias literarias.
  • Cómo hila unos temas con otros y va analizándolos.

Contras

  • Hay que leerlo despacio  y poco a poco.

Namaste.

11
Oct
16

La verdad sobre el caso Harry Quebert, Joël Dicker

Muchos de los que me conocéis seguramente estéis arqueando una ceja al ver en este blog el título de esta novela, y sé que muchos otros lo hicisteis el día que visteis que lo estaba leyendo, cuando lo publiqué en Instagram.

Quizá cada vez son menos comunes los best-sellers por estos lares, pero de vez en cuando me gusta asomar mi nariz a esos títulos siempre situados en la lista de máximas ventas (generalmente cuando ya se ha pasado la moda) y ver si a mí también me convencerían.

La verdad sobre el caso Harry Quebert es la primera novela de un suizo de esos que me dan mucho asco, esto es: un chaval más joven que yo que publica una novela y se forra con ella. Eso da un poquito de envidia y muchas ganas de venir aquí a contar que ese libro es la releche. Lo siento, pero no va a pasar.

la-verdad-sobre-el-caso-harry-quebertComo buena novela de suspense que se precie, desde el primer momento sabemos que ha habido una desaparición, en este caso la de una joven quinceañera en un pueblo apartado de Estados Unidos. El misterio queda en suspenso 30 años, momento en el que se encuentra el cadáver y se retoma la búsqueda del asesino de la muchacha.

Este corte temporal permite a Dicker situar la historia en tres momentos distintos: en 1975, momento de desaparición de la chica y en 2008, cuando se encuentra el cadáver. Aprovecha además para incluir una tercera situación: las conversaciones entre escritores sobre el proceso de escritura, que suelen ser capítulos muy cortos (apenas uno o dos párrafos) y dan preludio al resto de las dos acciones.

Y es que la muchacha mantenía una relación sentimental con Harry Quebert, afamado escritor y a la postre el que da los consejos a su amigo, otro escritor que quiere sacar a la luz la verdad ayudando así a Quebert a salir del atolladero. Efectivamente: su amigo no es el depravado que vende la policía y los periódicos, y por supuesto no ha matado a Nola Kellergan porque ellos vivían una verdadera historia de amor.

A mí es que este tipos de amores prohibidos me aburren soberanamente y ya si incluyen conversaciones como ésta…

– Callémonos y estrécheme en sus brazos… Me parece tan inteligente, tan apuesto, tan elegante.

– No puedo, Nola….

– ¿Por qué? Si de verdad le gusto, ¡no me rechace!

– Me encantas. Pero eres una niña.

– ¡No soy una niña!

– Nola… Lo nuestro es imposible.

– ¿Por qué es tan malo conmigo? ¡Ya no puedo ni hablarle!

– Nola, yo…

– Déjeme. Déjeme y cállese. Cállese o le diré a todos que es un pervertido. ¡Váyase con su novia! Fue ella la que me dijo que estaban juntos. ¡Lo sé todo! ¡Lo sé todo y le odio, Harry! ¡Váyase! ¡Váyase!

Página 232

Pues efectivamente, entiendo que alguien metiera a la insufrible niñata en el maletero de su coche y la hiciera desaparecer.

Lo peor de este tipo de diálogos no son las frases arquetípicas y sin sentido, sino la repetición: quizá la primera vez podemos pasarlo desapercibido, pero a la octava estamos mirando cómo comprar un arma de fuego en este país. Y a la decimosexta nuestro vecino ha llamado a la policía alterado por nuestros gritos de MUERTE Y DESTRUCCIÓN.

Claro, si pensamos que La verdad sobre el caso Harry Quebert es un tochazo de setecientas páginas tiene que abundar el relleno, pero por si fuera poco al leer un diálogo de ese calibre, hay que ofrecer poca información y repetirla cuanto se pueda. Para esto lo mejor es el corta y pega, que tenemos lectores GILIPOLLAS que no se han quedado con la copla.

Tras conversaciones con testigos y tratar de seguir la pista sobre lo que ocurrió en el verano del 75 (algo muy de Pretty Little Liars, en ese verano ha pasado más que en Madrid la última década), Marcus Goldman consigue convertirse en un personaje que hemos visto repetido en multitud de ocasiones en series, libros malos y sobre todo películas de los sábados de Antena 3, lo cual incluye el muy original momento en el que va a ver a un testigo y le dice al sirviente que tiene que ir al baño y se escaquea del baño para echar un vistazo. ¡No puede ser! ¡Qué original! ¡Esto va a marcar un antes y un después en la literatura! ¡Ya verás cuando se entere Dan Brown!

Por supuesto, la investigación se ve aderezada de amenazas y anónimos, intentos de incendio y mucha hostilidad (¡quién lo iba a decir!). Venga, ¿que le queman el coche? ¡Confeti!

La sensación creciente que tengo cuando leo este tipo de libros es la de la producción en cadena, el darse cuenta de que se trata siempre la misma historia, que no brilla por ningún lado, con personajes intercambiables y con una trama similar que promete thriller y tensión y sólo da tedio y un poco de pena. La misma que me dan los calificativos que le han prodigado por aquí y allá los críticos literarios de medio mundo diciendo cosas como ésta:

La sorpresa de la rentrée, el libro que no podemos soltar después de horas de lectura cautivante…. Recuerda a Philip Roth. Jonathan Franzen o Woody Allen.

Marie-Françoise Leclère, Le Point.

Vamos a ver, señora Leclère, ¿qué le ha hecho Philip Roth para aseverar algo así?

Historias sin alma, personajes que no vas a recordar, situaciones que has visto con pocas variantes unas dos o tres mil veces en cualquier sitio, una de esas novelas que dice poco a pesar de tener escritas muchas palabras en ellas.

Probablemente lo mejor sean los inicios de capítulos, donde Goldman y su mentor reflexionan sobre el proceso de escritura y donde dejan momentos como este:

En esta sociedad, Marcus, los hombres a los que más admiramos son los que ponen en pie rascacielos, puentes e imperios. Pero en realidad, los más nombres y admirables son aquéllos capaces de poner en pie el amor. Porque es la mayor y más difícil de las empresas.

Página 281

La verdad es que si lo llego a saber podría haber empezado un juego alcohólico mientras lo leía, habría sido más entretenido, fijo.

– ¿Quiere que le lleve, sargento?

– Ni hablar.

– Conduce usted muy despacio.

– Conduzco con prudencia.

– Este coche es una basura, sargento.

– Es un vehículo de la policía estatal. Un poco de respeto, por favor.

– Entonces es una basura estatal. ¿Y si ponemos algo de música?

Página 475

¡CHUPITO!

Y con esto he escupido toda la bilis que me ha hecho generar el dichoso libro en sus 700 páginas. ¡Qué descanso! Ya sabéis, lectores: la bilis, como la basura, mejor fuera.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • Las reflexiones sobre la escritura que dan comienzo a los capítulos.

Contras

  • Situaciones absurdas e increíbles.

  • La inclusión de diálogos de este calibre debería de ser un atenuante para la aplicación del artículo 138 del Código Penal.

Namaste.

23
May
16

Séptimo aniversario

Parece mentira pero el tiempo pasa volando, y hoy 23 de mayo, celebro mi séptimo aniversario del blog.

Sucede en muchas ocasiones, que miras cuánto hace que no has leído un determinado autor y te sorprendes al saber que ha pasado bastante más tiempo del que pensabas. Igual ocurre en nuestro día a día cuando pensamos en viajes o en cuánto hace que no vemos a un amigo. Los días pasan y pasan y sólo cuando echamos la vista atrás nos cercioramos del inexorable paso del tiempo.

Con esto de tener un espacio en Internet nunca se sabe. Hubo momentos en los que pensé que no llegaría al siguiente cumpleblog y otros en los que si me lo hubieran dicho que llegaría a este punto no lo habría creído.

Sin embargo, como no quiere la cosa, pasito a pasito, nos hemos plantado en el séptimo aniversario.

Qué bonito es el número 7. Los siete días de la semana, los siete enanitos, los siete reinos de Poniente, los siete pecados capitales, los siete colores del arcoíris, las siete colinas de Roma, las siete vidas de los gatos, las siete notas musicales, las siete maravillas del mundo, los siete Horrocruxes de Voldemort, los siete libros que me voy a comprar para celebrarlo…

Porque esto iba de libros, ¿no?

Gracias a todos por estar ahí.

Namaste.

23
May
14

Y con este van cinco…

Pues sí. Ya van cinco. Nada más y nada menos. Un quinquenio. Un lustro.

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Me sonrojo pensando en cómo eran las cosas hace cinco años. Un 23 de mayo de 2009, en plena época de exámenes, me encontraba en la sala de informática de mi residencia universitaria. Probablemente como un motivo más para perder el tiempo en lugar de estudiar, abrí un blog. Comencé algo que no sabía muy bien en qué consistía ni a qué me iba a llevar.

Entonces blogs había muchos. Cientos, miles. Así que el mío simplemente era uno más en el universo de los blogs. ¿En qué quedaría el mío? ¿Me aburriría de él pasados unos meses? ¿Lo dejaría morir? ¿Sería un pasatiempo temporal? No podía responder a eso.

Ahora… Ahora os escribo desde mi casa, con el mismo ordenador de hace 5 años que últimamente me trata de convencer de que le busque un sustituto, y hablando de un blog que ha sido algo más que un capricho momentáneo.

A fin de cuentas, gracias a la existencia del blog me han sucedido muchas cosas.

En primer lugar, leo más y mejor, con más análisis y crítica. Soy capaz de leer en otro idioma. También he aprendido a escribir mejor. A expresarme, a ser más concreta y analizar más, a especificar. A quién no le ha pasado que se ha leído con horror cuando revisa un comentario de una entrada de hace 4 años. Pero en fin, así son las cosas, y además de mejorar la escritura uno acaba colaborando en Libros y Literatura o en La biblioteca imaginaria, llega un momento en el que alguna librería o editorial responden a tus súplicas y te envían libros gratis. Te juntas con otra gente bien maja y organizas locuras de todo tipo: retos en los que hay que leer un libro enorme en 10 días o adentrarse en una Tierra de caimanes para acabar tomándote un Café Literario por Facebook.

Pero sin duda, lo mejor es conocer a gente que está al otro lado y que siempre aporta su opinión. Lectores que recomiendan, a los que preguntar, que configuran mi mapa de lecturas, que amplían mi lista de pendientes. Me siento menos sola. Soy una lectora más rica gracias a vosotros. Me equivoco menos por vuestras recomendaciones. Elijo mejor qué leer y qué comprar. He crecido como lectora. Gracias.

Y como no sólo de Internet vive el hombre, he llegado a desvirtualizar a algunos, como a Cristina y Jesús, Atram, Ascen y Lady Boheme. He acudido a presentaciones como la de Javier Sierra o de El joven vendedor y el estilo de vida fluido incluso me ha dado tiempo a actuar como buena groupie cuando Cartarescu vino a Madrid.

A fin de cuentas he continuado con un hobby que en su día no era más que una muy mínima parte de lo que es ahora. Antes tan sólo leía. Ahora esta afición se ha ramificado y se ha ampliado, llegando a otras facetas que creía ajenas a mi afición. Antes, para mí, la literatura era un acto solitario y unidireccional. Ahora mismo es mucho más rica, no solamente porque me relaciono con otras personas, sino porque soy más capaz de conocer qué me gusta y qué no, de analizar y comprender lo que leo.

¿Y hay algo malo? Sí. Los que se quedan en el camino. Los blogs que uno sigue pero que de un día para otro deciden cerrar. Los que dejan su blog estar. No daré nombres, pero hay muchos a los que echo de menos. Me da pena, porque forman parte de mis recuerdos de mi vida virtual.

Y es que, reconozcamoslo, la constancia es una amiga un poco puta. Porque al principio es muy fácil publicar y uno no se da cuenta, salen las publicaciones de dos en dos. Sin embargo, mantenerse publicando durante todas las semanas de un año no es tan fácil. Los días se quedan cortos. No tenemos tantas horas como pensábamos.

Pero el balance, obviamente, es positivo. Entre otras cosas porque paradójicamente, el motivo por el que empecé con este proyecto y el motivo por el que continúo con él no pueden ser más diferentes.
Mis motivos eran puramente egoístas: quería escribir y que me comentaran. Pero ahora escribo porque estoy esperando vuestros comentarios, en otras palabras, yo tengo muy claro qué es lo que me gusta y qué es lo que no. Lo que no sé es lo que vais a comentar, lo que os va a sugerir la lectura, qué me vais a comentar y cual va a ser esa conversación. Y eso es lo verdaderamente interesante.

A fin de cuentas si pasado mañana me metiera a WordPress y no viera ningún comentario, solamente esos visitantes fantasma en busca de resolverles algún trabajo del instituto, habría cerrado el blog. Sin vuestros comentarios y ocurrencias, sin los los correos electrónicos que recibo preguntándome recomendaciones no tendría sentido tener un blog. Me bastaría una carpeta de mi disco duro.

Y es que, el blog me abrió una ventana a un jardín del que no sabía nada. No sabía que al otro lado estaríais vosotros, mi familia bloguera, miembros de una vida virtual a la que me conecto desde mi ordenador. Personas a las que no conozco pero que forman parte de mi día a día. Que me alegran o me enfadan, que me sacan una sonrisa y un suspiro.

Sé que sería demasiado irreal desear otros cinco años más. Pero por de pronto, sigamos leyendo. Quién sabe lo que vendrá en la siguiente página.

Namaste.

06
Mar
12

Y ellos, ¿qué opinan?

Me he dado cuenta de que nosotros, los bloggeros, nos pasamos el día dando nuestra opinión, compartiendo y comparando, mirando por encima del hombro qué les gusta a los demás, qué preferencias tienen en cuanto a literatura. Ponemos por las nubes un libro, otros nos resultan entretenidos, otros indiferentes y a unos pocos los ponemos a caldo.

Gracias a Internet y a los blogs sé que Karo es seguidora de Murakami, que a Isi le gusta Stegner y que Lady Boheme ha leído cualquier libro que venga firmado por Stephen King.

Por sus reseñas de 314 sé que ha disfrutado con Jack London y que Gww ha hecho lo propio con Voinóvich.

Mirando el anobii sé que Bartleby está leyendo a Alejandra Pizarnik y que, según lo publicado en su página, Elwen espera ansiosa la cuarta parte de Vampire Academy.

Esto es sólo un ejemplo. Mientras que Carol nos deja con los dientes largos con Némirovski, Aramys se mantiene pegado a las páginas de El redentor… y así podría seguir hasta mencionar a todos los que estáis en el blogroll de la derecha.

Pero ¿y ellos? ¿Qué opinan los que están al otro lado? ¿Cuáles son sus preferencias? ¿Qué les gusta a los que se dedican a escribir? ¿Acaso os imaginabais a Vargas Llosa estaba enganchado a la trilogía de Larsson? Yo no, y sin embargo, lo estuvo.

Esta sección nace con la idea de acercar sus preferencias con las nuestras, de conocer más a los que están detrás de las páginas que devoramos, que anhelamos, que idolatramos.

Como tal, esta sección está sujeta a la colaboración de todo aquél que quiera animarse a la iniciativa. Si conocéis a alguien que quiera contribuir con su granito de arena, avisad. 🙂

Y vosotros, ¿a quién le preguntaríais por sus preferencias?

A mí se me ocurren algunas ideas…

Namaste.




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