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17
Oct
17

El cuento de la criada, Margaret Atwood

En ocasiones hay libros que pasan desapercibidos durante un tiempo hasta que algo les devuelve al punto de mira. Para El cuento de la criada fue el estreno de su versión televisiva por parte de HBO. La red se llenó de comentarios elogiosos de la serie y a raíz de esto, la novela que se publicó en 1985 comenzó a ganar protagonismo.

Durante la Feria del Libro de Madrid no dejaba de ver este título en todas las casetas, en muchos blogs, en páginas y en la lista de ventas. Sin embargo, no me acababa de decidir: ¿ver directamente la serie? ¿O mejor leer el libro? Aunque tradicionalmente soy de las que prefieren leer el libro para después ver su versión, lo cierto es que la lista de pendientes me hace relegar determinados títulos a sus versiones, antes que incluirlos en mi lista de futuribles.

El cuento de la criada se enmarca en lo que se enmarca en la categoría de las novelas distópicas: aquellas cuyo punto de partida es una sociedad indeseable, generalmente con un pasado común con el nuestro, como si por algún motivo (guerras, purgas, invasiones…) de repente la sociedad se trasformara.

Ya el primer párrafo de la novela nos sitúa en ello:

Dormíamos en lo que, en otros tiempos, había sido el gimnasio. El suelo, de madera barnizada, tenía pintadas líneas y círculos correspondientes a diferentes deportes. Los aros de baloncesto todavía existían, pero las redes habían desaparecido. La sala estaba rodeada por una galería destinada al público, y me pareció percibir, como en un vago espejismo residual, el olor acre del sudor mezclado con ese toque dulce de la goma de mascar y el perfume de las chicas que se encontraban entre el público, vestidas con faldas de fieltro -así las había visto yo en las fotos-, más tarde con minifaldas, luego con pantalones, finalmente con un solo pendiente y peinadas con crestas de rayas verdes. Allí se habían celebrado bailes; persistía la música, un palimpsesto de sonidos que nadie escuchaba, un estilo tras otros, un fondo de batería, un gemino melancólico, guirnaldas de flores hechas con papel de seda, demonios de cartón, una bola giratoria de espejos que salpicaba a los bailarines con copos de luz.

Página 23

Nuestra protagonista es Defred, un peón en un nuevo mundo, quien con sus ojos nos cuenta su nueva realidad: las rutinas y las personas que tiene a su alrededor: el Comandante y las Marthas, las Esposas y su posición en la casa.

El-cuento-de-la-criadaUno de los puntos fuertes de la historia es mantener la información parcialmente omitida. Al menos en mi caso, desde el primer momento quería conocer qué había pasado para llegar a esa situación, por qué motivo el mundo había cambiado radicalmente, teniendo en cuenta que los recuerdos de Defred se parecen mucho a la vida de finales del siglo XX. Así, lo que propone Atwood es un avance a ciegas donde nos aporta información de la situación actual y de sus rutinas para, después, obtener detalles de la vida pasada de la protagonista. Compartimos su vida para comprender un poco más qué tipo de papel le ha tocado vivir.

Como siempre, no me voy a detener en los detalles concretos de la historia, porque nunca me ha gustado contar de más, y porque en este caso en concreto cualquier información adicional juega en contra de la propia novela, que inteligentemente juega con el intercambio de información.

Lo que sí os puedo decir es que durante las primeras páginas, más o menos la mitad, lo que personalmente quería era leer más y más hasta llegar a comprender cada motivo de la situación y cada detalle. Es paradójico que exista una relación proporcional con el estilo descriptivo y lento de la autora y las ganas de leer. Sin embargo, durante la segunda mitad, a pesar de que la historia gana en dinamismo y hay más acción, aunque se desarrolle la trama me pareció menos interesante y avancé más lentamente, quién sabe por qué.

El estilo de Atwood es pausado y reposado, muy comedido. Se llena de florituras cuando toca, escasean los diálogos al principio y abundan a la mitad… En resumen: la sensación es que todo está pensado y medido, que hay un trabajo grande de escritura y revisión, donde nada es casual, donde la estructura, el avance de la trama y los personajes van apareciendo en el momento determinado, como una buena melodía: en su compás, ni antes ni después.

La novela plantea muchos temas, es una de esas historias con las que surgen debates y posiciones diversas, que anima a comentar y reflexionar. Para mí, refleja algo que se ha demostrado en la historia en múltiples ocasiones: que despojar a un ser humano de su capacidad de decisión, de su libertad y de sus derechos para enmarcarlo en una categoría, es el modo más fácil de controlar una sociedad, de imponer un modo de vivir, pensar y de actuar. Da igual lo que pienses o las preferencias que tengas porque eso entra dentro de una esfera de la que no puedes disponer: no solo es que no puedas hacer lo que quieras (por ejemplo, en esta novela, elegir marido o procrear) sino que ni siquiera debes pensar algo distinto de lo que te dicen los que están al mando. Tu modo de vida dependerá de qué seas: el resto, sobra.

La posición de la mujer en la sociedad juega también un papel clave en la historia, siendo considerada El cuento de la criada como una novela feminista. Soy poco de categorías, la verdad. Lo cierto es que El cuento de la criada es una novela interesante, una buena historia y sobre todo, para mí, el gran (¡por fin!) descubrimiento de mi eterna pendiente Atwood. Una de esas historias que párrafo a párrafo encierran muchas cosas: perfecta para un club de lectura, o simplemente para disfrutar de un libro inteligente, que ya es decir.

Para terminar, dos apuntes: mi agradecimiento a Salamandra por el envío, y el enlace a la reseña de Atram que os cuenta muchas más cosas del libro.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • El estilo de Atwood, metódico y calculado.
  • El binomio pasado-presente y cómo se juega con la falta de información, que anima a leer más.

Contras

  • La marcada diferencia entre primera y segunda parte.
  • Acercarse a leerlo con demasiada información juega en contra de la propia historia.

Namaste.

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23
Ago
17

IMM (51)

Os enseño las últimas incorporaciones a mis estanterías tras los envíos editoriales de estas semanas veraniegas:

IMM-51

  • Kanada, Juan Gómez Bárcena. Un novelón que os recomiendo encarecidamente. Es desgarrador, tiene mucha fuerza y te deja con ganas de releerlo. Os dejo por aquí la reseña de Cristina Monteoliva, con la que coincido en su valoración.
  • La uruguaya, Pedro Mairal. La pequeña historia de un hombre que cruza la frontera para cobrar una cantidad y que nos cuenta un poco de su vida y de la crisis de los 40 que atraviesa. La reseña, aquí.
  • Moravia, Marcelo Luján. A Luján lo tenía apuntado con Subsuelo, no con ésta. Los responsables fueron, por orden cronólogico, Atram de Leer sin prisa y Jesús de Generación Reader. Así que cuando me ofrecieron la posibilidad de leer esta historia no dudé en quitarme la curiosidad aunque no la tuviera anotada en mi libreta. Estoy deseando contaros qué me ha parecido.
  • El meteorólogo, Olivier Rolin. Desde que Libros del Asteroide anunció que publicaría este libro tenía curiosidad por leerlo, por conocer la vida de un meteorólogo estudioso del tiempo soviético.
  • El cuento de la criada, Margaret Atwood. La novela de la que todo el mundo está hablando desde que HBO lanzara su versión televisiva. Una de esas historias que empiezas y acabas de corrido.

Gracias a las editoriales Sexto Piso, Libros del Asteroide, Salto de Página y Salamandra.

Y vosotros, ¿habéis leído alguno de estos títulos? ¿Qué os parecieron?

Namaste.

11
Ago
17

Tres tristes tigres, Guillermo Cabrera Infante

Anoté este título hace tanto tiempo que me da vergüenza reconocer cuánto. Después lo compré. Lo dejé en el estante y hace unos tres o cuatros intenté leerlo. Llegué a leer unas cien páginas, hasta que me estanqué y decidí devolverlo a su sitio.

Coincidiendo este año con la conmemoración de los 50 años de su publicación, lo incluí en mi propósito de lecturas.

Hasta aquí lo fácil. El resto no lo es tanto.

La trama, si es que se puede considerar como tal, trata de la vida de La Habana: la que conforman los distintos personajes que coinciden en sus noches y en sus garitos, los que tienen relaciones entre sí por negocios, por música, por ocio o por amor. El hilo es más complicado de seguir, más bien recuerda a uno de esos poliedros en los que mirabas por un ojo y veías un conjunto de luces, colores y destellos, donde detrás había una imagen, un conjunto multicolor de luces, líneas y movimientos circulares, todo ello en un ojo que parecía torpe y lento a la hora de captar los matices.

¡Los matices, digo! El ojo de esta lectora se ha sentido prácticamente ciego ante la propuesta caleidoscópica del autor, ante los colores, los brillos y los personajes, todo adornado con saltos circunstanciales, adjetivos sin límites y muchos otros recursos estilísticos; en definitiva, un derroche de estilo que deja a cualquiera picueto.

– ¿Qué te parece Bach a sesenta? -me dice.

– ¿Cómo?- le digo.

– Bach, Juan Sebastián, el barroco marido fornicante de la reveladora Ana Magdalena, el padre contrapuntísticoo de su armonioso hijo Carl Friedrich Emmanuel, el ciego de Bonn, el sordo de Lepanto, el manco maravilloso, el autor de ese manual de todo preso espiritual, El Arte de la Fuga -me dice-. ¿Qué diría el viejo Bacho si supiera que su música viaja por el Malecón de La Habana, en el trópico, a sesenta y cinco kilómetros por hora? ¿El tempo a que viaja sonando el bajo continuo? ¿O el espacio, la distancia hasta donde llegaron sus ondas sonoras organizadas?

– No sé. No había pensado- y de veras que nunca lo pensé, ni antes ni ahora.

– Yo sí-me dice-. He pensado que esa música, que ese sutil concierto grueso- y deja un espacio vacío de sus frases dramáticas pedantes para que lo llene la música- fue creado para oírse en Weimar, en el siglo XVIII, en un palacio alemán, en la sala de música, barroca, a la luz de candelabros, en una quietud no sólo física sino también histórica: una música para la eternidad, es decir, para la corte ducal.

Página 320

La demostración de estilo de Cabrera Infante es una de esas que te sobrecogen por lo absolutamente sobrenatural del uso de cada una de las palabras, líneas, espacios y recovecos de la página. Como si el cubano hubiera apostado a revolver las entrañas del lector con cada uno de los aspectos que le ofrecían la página en blanco. Y cuando digo cada uno, es cada uno. Tomemos, por ejemplo, la página 65, que tras varios párrafos conteniendo el aliento, llegamos a ésto:

Tres-tristes-tigres

Lo que queda claro es que está todo inventado: si te sorprende la edición de La casa de hojas y las originales ideas de Danielewski, con Tres tristes tigres te das cuenta de que Cabrera Infante ya había hecho eso mismo cincuenta años antes.

Y el dueño se achicó, si es que podía hacerlo todavía y

fue el hombre increíblemente encogido, pulgarcito

o meñique, el genio de la botella al revés y

se fue haciendo más y más chico,

pequeño, pequeñito, chirriquitico

hasta que desapareció por

un agujero de ratones al

fondo-fondo-fondo,

un hoyo que

empezaba

con

o

Página 227

Además, desde el punto de vista de la trama, uno se da cuenta de que Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James, no es tan original como pretendía, porque bebe de la influencia de esta novela, del uso de un lenguaje de la calle y de la noche, de los personajes que se ganan la vida como buenamente pueden, de esa urdimbre de personajes de callejón y mugre.

Para mí ha sido una lectura que he disfrutado pero que también he sufrido, un libro al que recurrir dentro de un tiempo, uno de esos títulos que son difíciles de recomendar porque la lectura es exigente. Al mismo tiempo me reafirmo al pensar que, como ya le dije a alguna amiga bloguera, hay que leer más gente muerta.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El derroche estilístico en cada página.
  • La maraña de personajes y subtramas.
Contras
  • Novela exigente con la que es fácil perder el hilo.
  • Requiere concentración y tiempo. No es para todo el mundo.

Namaste.

01
Ago
17

Kanada, Juan Gómez Bárcena

Dicen que uno ha de escribir sobre lo que sabe. Es lógico, aunque también peligroso. Por un lado, de lo que sabemos tenemos más información, encarar la historia puede resultar más fácil, y además controlamos el tema, lo cual nos puede ayudar a organizar la trama. Sin embargo, es cierto que los que también conocen esa temática nos pillarán antes en falta cuando lean algo raro, algún detalle de la historia que no se corresponda o cuando chirríe algo.

KanadaLuego hay otra gente que la regla general se la salta. Y eso está muy bien. Nos ofrecen temáticas y perspectivas distintas. Personas que deciden arriesgarse, contar un tema que les resulta ajeno, quizá por las posibilidades que les ofrece para la trama, o quizá porque les va surgiendo mayor rango de temática con los que avanzar.

Una tiene sus prejuicios. Por eso, cuando vi la fecha de nacimiento de este autor, pensé que la temática me sería común. Evidentemente sigo con mi regla de no leer la sinopsis, si no me habría dado cuenta de mi error.

Probablemente Gómez Bárcena sea un suicida. Un pirado. Un saltador sin paracaídas. De otra forma no se entiende que se dedique a situar una historia tan lejos tanto en tiempo como en espacio de lo que (aparentemente) más conoce. Tan lejos del hoy, de la problemática actual.

Pero lo más inaudito no es esto. Es la cara de gilipollas sorprendido que se le queda al lector, ante tamaña obra de despliegue, de demostración de fuerza y estilo, que consigue desde la primera página que dejemos de parpadear, que abramos la boca, que cabeceemos como un pez fuera del agua.

Kanada es una de esas historias que le dan la vuelta a muchas cosas, que comienza donde otras acaban: al finalizar la Segunda Guerra Mundial. El protagonista decide volver a su casa, la que recordaba como hogar, pero que ahora se ha trasformado en una ruina un poco distinta. Exactamente igual que él: superviviente de una guerra letal, que le ha quitado la familia y los recuerdos. Allí tratará de recomponerse.

Si se piensa con detenimiento es tan asombroso el milagro de la lectura. Contemplar un dibujo que no es diferente de los desconchados de una pared o de una procesión de hormigas y vislumbrar en un solo relámpago de lucidez un significado, una idea. Encadenar una reata de signos y armar con ellos un sentido que puede entretenernos o aburrirnos, conmovernos o hacernos desgraciados.

Página 25

Kanada es una novela difícil de definir, difícil de clasificar. Dura. Una lectura de las que te golpean en el corazón y en la boca del estómago, del extraño tipo que quieres releer en cuanto la terminas. Una historia relativamente corta que sorprende por el estilo del autor, por la temática y por la sangrante desesperanza contenida en cada línea.

Kanada es una de esas historias que te reconcilian con la buena literatura, con el perjuicio de que mejor voy a lo seguro y leo algún clásico, con el buen hacer y con el talento que poseen autores contemporáneos que no conocemos, en este caso, Gómez Bárcena que escribe con una fuerza y crudeza desorbitada.

También el planeta en que vives es insignificante, apenas una mota de polvo en el universo, y qué fácil es contener en él la humanidad entera. Tu despacho es en relación a la Tierra más grande que la Tierra en relación al resto del cosmos. Por qué no habrían de caber entonces tus aspiraciones en este cuarto, tan grande o tan pequeño como cualquier otro mundo.

Página 88

Kanada es un libro para recomendar, un libro de esos con los que es una alegría toparse. Así que, amigos de Sexto Piso, gracias por publicarlo, gracias por descubrírmelo y gracias por enviármelo a casa. Va directo a las mejores lecturas de este año. Los buenos libros se merecen muchos lectores, y éste es uno de ellos.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • El estilo del autor: pulcro y duro.
  • Los temas que van surgiendo y las reflexiones del protagonista.
Contras
  • Tardé algunas páginas hasta entrar del todo en la historia.

Namaste.

12
Jul
17

Matadero cinco, Kurt Vonnegut

Matadero-cincoHace tres años que este título pasó a mis estanterías, en una edición de periódico que compré de segunda mano.

Desde hace tres años este título esperaba turno, pacientemente.

Desde hace tres años, mi libro ha visto cómo otros que llegaban más tarde se colaban en la lista y eran leídos mucho antes que él.

Por suerte, los libros no juzgan. Tan sólo esperan. Y éste decidí que ya había esperado lo suficiente.

Matadero cinco empieza de la siguiente forma:

Todo esto sucedió, más o menos.

Página 15

Y el autor no miente. Porque la historia narra el bombardeo de Dresde, la ciudad alemana que fue bombardeada en 1945. Además, Vonnegut escribe con conocimiento de causa, dado que él se encontraba en la ciudad ese día.

Para ello, el autor se desdobla, como narrador y como personaje secundario que aparece en determinados momentos de la historia. ya que el protagonista es Billy Pilgrim, al que conocemos en el segundo capítulo:

Oíd:

Billy Pilgrim ha volado fuera del tiempo.

Billy se ha acostado siendo un viejo viudo y se ha despertado el día de su boda.

Página 41

Sin embargo, el autor dos páginas antes ya nos ha adelantado cómo empieza y cómo termina la historia. Podéis comprobarlo, como hice yo. Realmente eso da igual, porque en las buenas historias lo verdaderamente importante es el camino. Y en este hay multitud de saltos temporales, donde conoceremos la vida de Pilgrim, cómo acaba en el ejército y qué hacía tanto antes como después.

No es fácil contar el argumento de la historia, quizá desgranar detalles le quitaría el impacto de la sorpresa, de lo que está por llegar. Dicen por ahí que se trata de una novela antibelicista, pero más bien yo diría que se trata de una historia donde el tiempo es polvo, y aun así ese polvo es lo único que tenemos los humanos: un grano de polvo en el que hacemos una vida.

El bombardeo y la guerra son utilizados por Vonnegut, a mi entender, para poner en relieve lo pequeños que somos si nos comparamos con un universo gigante (que también ocupa su parte en la historia) y de un tiempo inexorable que trascurre sin que podamos detenerlo.

El tiempo no pasaba. Alguien debía de estar manipulando los relojes, y no tan sólo los eléctricos sino también los de cuerda, pues la segundera de mi reloj de pulsera hacía un tic, dejaba transcurrir un año, y finalmente hacía un tac.

Página 37

Mientras lo leía no podía evitar pensar dos cosas: la primera, lo extraño de esta historia que dan ganas de releer, y la segunda: la alegría de saber que en mi estantería tengo libros de esta calidad, aunque los acabe leyendo tres años después.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • La historia de Pilgrim y cómo la cuenta.
  • La inclusión del autor en la trama y el primer capítulo.
Contras
  • Llamadme purista, pero cada vez valoro más las ediciones, y ésta no es precisamente preciosa.
  • El inicio puede despistar un poco.

Namaste.

06
Jul
17

Y ellos, ¿qué opinan? (XXX): Enrique Vila-Matas

1444053209_785438_1444053468_noticia_normalEnrique Vila-Matas (Barcelona, 1948): es uno de los escritores destacados de la literatura española. Autor de novela y ensayo, comenzó su carrera literaria en 1973, por lo que su obra es prolífica y variada. Conocido por sus amistades literarias (Sergio Pitol, Roberto Bolaño, entre otros), ha recibido múltiples premios, como el Rómulo Gallegos en 2001 por El viaje vertical, o el Premio Nacional de la Crítica en 2002, por El mal de Montano. Bartleby y compañía (Anagrama, 2001), Dublinesca (Seix Barral, 2010) y Mac y su contratiempo (Seix Barral, 2017), son algunas de sus obras.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

El autor que más he frecuentado estos últimos días es Danilo Kis, para quien uno tarda mucho en convertirse realmente en escritor: sólo cuando comprende por fin que escribir significa decir las cosas de cierta manera cuando uno ya sabe que con la literatura y mediante ella no se puede conseguir nada.

Escritor serbio nacido en 1935 y fallecido en 1989, Kis comenzó a publicar en 1962, siendo sus dos primeras novelas La buhardilla y Salmo 44. Tradujo autores franceses, rusos y húngaros, y acabó viviendo en París. Su obra llegó a tener reconocimiento internacional, y en 1986 fue nombrado Caballero de las Artes y las Letras de Francia.
En castellano podemos encontrar su obra en la editorial Acantilado, que ha publicado Una tumba para Boris Davidovich y la trilogía Circo familiar, entre otros. Os dejo el enlace para más información.

2.- Un libro que nos recomiendas.

Rendición, de Ray Loriga. Ahí hay una verdadera voz, parece salida de El monumento, de Mark Strand. “Nunca sabrás / de quién es el monumento / o por qué vino a ti…”

Rendición es una de esas historias que últimamente veo mucho por las redes sociales, por artículos y comentarios. Hasta estos momentos había descartado su lectura tras haberme decepcionado Zaza, emperador de Ibiza. Ahora, tras esta recomendación me lo estoy replanteando…

3.- Un autor por el que sientas fijación.

No siento fijación por los libros de nadie. Pero últimamente sigo con notable atención lo que hace Rodrigo Fresán, que escribe novelas muy estimulantes.

Rodrigo Fresán: autor argentino, tanto de relatos (Vidas de santos, Random House 1993) como de novela (Esperanto, 1995, y su última publicada La parte soñada, Random House 1997). Uno de esos nombres que se posan en nuestra lista de autores futuribles pero que el escaso tiempo acaba relegando. Os dejo el enlace de Jesús con la reseña de La velocidad de las cosas (Debolsillo, 1998).

Y vosotros, ¿habéis leído Rendición de Ray Loriga? ¿Lo recomendáis? ¿Conocíais a Rodrigo Fresán? ¿Acabáis de apuntar (como acabo de hacer yo) en vuestra libreta el nombre de Danilo Kis? ¿Alguien me va a tirar piedras por tener El viaje vertical en el estante pendiente de ser leído?

Muchísimas gracias Enrique por regalarnos un poco de tu tiempo y permitirnos conocer tus recomendaciones.

Namaste.




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