Posts Tagged ‘Novelas

02
May
17

Fuera de quicio, Karen Joy Fowler

Hoy os traigo uno de esos libros difíciles de reseñar. Complicado contar algo de la historia sin adelantar información de la trama.

Fuera-de-quicioEste libro entró en mi Plan Infinito tras un comentario de @Silviabroome, librera y bibliófila que nos descubre grandes títulos a través de su cuenta de Twitter. Recuerdo que ella dio dos datos: que era un muy buen libro y que lo mejor era no saber nada de él. Le hice caso.

Posteriormente, Malpaso me envió amablemente este ejemplar a casa. Y ellos, en la contraportada, ya avisan:

Para adentrarse en esta novela, tal y como su autora hubiera deseado, lo ideal sería evitar leer cuanto se desgrana en esta contraportada.

Vaya. Jamás me había encontrado con un aviso similar. ¡Si lo normal es que la editorial cuente, detalle tras detalle, la trama! (quién no se ha encontrado datos que ocurren al final del libro).

En fin. Me tocaba leerlo. Lo hice. Y ahora es el turno de contaros algo a vosotros.

Fuera de quicio es una novela de 300 páginas que empieza como sigue:

La mitad de mi historia se sitúa en el invierno de 1996. Por entonces, ya hacía mucho que habíamos quedado reducidos a la familia que la vieja filmación familiar presagiaba: mi madre, mi padre (…) y yo. En 1996 habían pasado diez años desde la última vez que vi a mi hermano y diecisiete desde la desaparición de mi hermana.

Página 13

Precisamente este párrafo inicial nos da alguna de las claves de lo que nos vamos a encontrar después: cuando nuestra narradora llega a la vida adulta se plantea cómo fue su infancia. Rememora la época en la que en lugar de 3 miembros de la familia, eran 5, sobre la grieta y posterior factura de una ausencia y una desaparición.

Además, Fowler añade otras temáticas, consiguiendo un libro difícil de clasificar en el que es capaz de dejarnos fragmentos como éste:

Obviamente, esa historia que le conté a Harlow (…) no forma parte de la mitad de esta historia. Se la conté a Harlow cuando he dicho que se la conté, así que el acto de contarla forma parte de la mitad de la historia, pero una cosa es el relato y otra el hecho relatado, lo cual no quiere decir que la historia no sea cierta, sólo significa que ya no sé francamente si la recuerdo de verdad o únicamente recuerdo cómo contarla.

El lenguaje tiene este efecto en nuestros recuerdos: simplifica, solidifica, codifica, momifica. Una historia contada muchas veces es como una fotografía de un álbum familiar: al final, reemplaza al momento que supuestamente debía fijar.

Y yo he llegado aquí a un punto, ahora que ha aparecido mi hermano, en el que no sé cómo seguir adelante sin volver primero atrás:, sin volver al final de aquella historia, cuando regresé de la casa de los abuelos a mi hogar.

Y ése resulta ser, además, el momento exacto en el que termina la parte que sé cómo contar y empieza la parte que nunca he contado.

Página 55

Quizá hasta un determinado punto de la historia, sabemos lo que recuerda nuestra narradora. Quizá después sepamos lo que esconde, la realidad de las cosas que no entendía, las situaciones que no comprendía o la información que se le ocultaba.

Lo que está claro, es que cuando se nos aporta determinada información, vemos la realidad con otros ojos y los recuerdos toman un matiz diferente.

A partir de ahí la autora utiliza los sentimientos para ahondar en el tema: la comprensión, la compasión, la rabia. Fowler nos hace reflexionar, buscar información, dudar de cómo habríamos reaccionado nosotros si nos hubiéramos encontrado en una situación similar.

Fuera de quicio resulta una historia sorprendente, de las que se quedan en el estómago e incomodan, de las que nos hace mirar al infinito y pensar, enjugarnos las lágrimas, cerrarlo y conmovernos, pensar en nuestra parte más humana, en aquéllo que nos distingue de los animales. Aunque a veces cueste encontrar eso que se supone que tenemos.

En conclusión, esta novela ha supuesto para mí uno de esos gratos descubrimientos, uno de los títulos que destacan en las lecturas de este año, y una de las novelas que recomendaré sin descanso.

Y desde aquí, mi agradecimiento a @Silviabroome, por descubrirme Fuera de quicio, y a Malpaso, por traernos libros tan sugerentes como éste, además de por enviármelo a casa.

A vosotros, sin dudar: sacad lápiz y papel y apuntadlo.

FICHA:

Te gustará si te gustó
Pros
  • Los temas que incluye en el libro y cómo va incluyéndolos.
  • Sorprendente y conmovedor.
Contras
  • El nudo en el estómago que nos deja.

Namaste.

12
Dic
16

IMM (46)

Las últimas incorporaciones a mis estanterías de este 2016 son las siguientes:

imm-46

 

  • A contraluz, Rachel Cusz. Sólo con la mención de Jeffrey Eugenides de esta novela ya tenía ganas de ver qué podía encontrar en su interior. Lo he leído recientemente así que la reseña la tendréis en breve. Envío de Libros del Asteroide.
  • Los dientes del dragón, Upton Sinclair. Tercera parte de la saga de Lanny Budd, y el libro por el que le concedieron el Premio Pulitzer al autor en 1943. Esperaba la publicación de este libro con muchas ganas desde que saldría en otoño, y tenerlo en mis manos me da la sensación de conseguir una tabla de salvación en medio de un aguacero. ¡Cuántas ganas de empezarlo! Gracias a los amigos de Hoja de Lata por el envío.
  • Our mutual friend, Charles Dickens. Como dice el refrán, quien no tenga cabeza que tenga pies. En este caso hay gente que no tiene pies (o si los tiene es como si no los tuviera), pero que confía mucho en lo que tiene encima de los hombros. Uno de esos libros que llegan inesperadamente al buzón y que me recuerdan una vez más que lo que tengo con Dickens son algo más que cuentas pendientes. See you in another life, brother.

Pasar por una biblioteca implica escoger algo para leer, inevitablemente. En esta ocasión tomé prestados tres libros:

  • Mendel el de los libros, Stefan Zweig. Anotado desde hacía mucho, no se incluía en mi ejemplar de Novelas de Zweig que os comenté alguna vez. Una novelita que no llega a cien páginas de la que os hablaré dentro de poco.
  • La otra vida de Ned Blackbird, Alexis Ravelo. Atram, de Leer sin prisa, es una de esas blogueras que me obligan a anotar muchos títulos en mi Plan Infinito. A Ravelo lo tengo apuntado desde hace mucho, y cuando vi éste en la mesa de novedades decidí que era un buen momento para leerle.
  • Hacia el amanecer, Michael Greenberg. Recomendado por Bartleby desde hace una eternidad (si nos fiamos de su reseña, que data de 2012, imaginaos), lo encontré un poco por casualidad y decidí que era un buen momento para tacharlo de mi lista. También lo he terminado.

 

Suculentas lecturas para este fin de 2016, para quitar algún título de nuestro Plan Infinito… y para apuntar otros tantos.

Namaste.

08
Dic
16

La cartuja de Parma, Stendhal

Hablar de un libro como éste da un poco de vértigo: obra influyente, muy conocida y una de las novelas más importantes de la literatura en francés. ¿Qué tiene que decir de un libro como éste una lectora y bloguera cualquiera, teniendo en cuenta que los mayores expertos, entre los que se encuentra Balzac, ya la han analizado y desmenuzado? Pues simple y llanamente mi propia experiencia al leerlo.

la-cartuja-de-parmaTras leer Rojo y negro, parece obligada acometer la lectura de esta historia. Tanto, que lo adquirí poco tiempo después (hace una cantidad tan grande de años que omitiré para que nadie me tache de acumuladora de libros). En fin: llegado el verano, aproveché para seguir la tradición y escoger un tocho para leer. Tocó este. Así, lo paseé por la geografía española, de playa en playa, de isla en isla, de piscina en piscina, siempre en mi bolso. Lo saqué en el aeropuerto, lo llené de arena, vi cómo unos lectores franceses se daban codazos al leer el título, se mojó con las gotas del Océano, hasta doblé sus páginas. (¡Yo, que soy pulcra con mis libros, al ver que no me quedaban más post-it y que el libro no era demasiado salvable!)

La cartuja de Parma tiene muchas cosas curiosas. En primer lugar, el título. ¿Es un juego por parte del autor titular el libro como un edificio que sólo se menciona en el última página? Pongamos que sí.

El protagonista de la historia es Fabricio del Dongo, un joven italiano que tiene su futuro marcado por el ingreso en la iglesia. Acompañaremos a Fabricio a través de cada una de sus aventuras y desventuras que le llevarán del campo de batalla a la cárcel, entre otras muchas. Sin embargo, para mí la verdadera importancia en cuanto a la acción de la trama la tiene su tía, la genial Duquesa Sanseverina, que maneja personas, políticas y diálogos para conseguir lo que necesita, siendo Fabricio en muchas ocasiones mero sujeto pasivo de las intrigas de su tía.

Mujer fuerte, con las ideas claras, que maneja la situación en cada momento y que se adapta a los cambios propios de la época, la duquesa es la verdadera artífice de los cambios en la vida de Fabricio, la que con ambición, perseverancia y un derroche constante de inteligencia controla las situaciones para salir lo mayor beneficiada de ellas.

– Y, ¿qué habría que hacer para que la señora duquesa no se ausentara?

– Algo de lo que usted no es capaz -replicó la duquesa con el acento de la ironía más amarga y del desprecio menos disimulado.

Página 296

Digo situaciones porque en La cartuja de Parma caben muchos cambios en la vida de los personajes, imperando además, el realismo en el enfoque de los últimos años del dominio napoléonico en el continente. De esta forma, la política, la posición social y las conspiraciones para ganar poder están a la orden del día. Los reuniones sociales y los rumores que se generan, la pérdida de poder de una familia o el casamiento de un heredero son sólo algunas de las cosas que nos encontramos en la novela. Mención obligada es la presunta asistencia de Fabricio a la batalla de Waterloo.

Lo explica mucho mejor que yo Luis Landero en este artículo del que extraemos éste párrafo:

Corre hacia todas partes entre el humo y el polvo buscando su regimiento de húsares, oye el estruendo y la lejana gritería, estorba el cortejo del mariscal Ney, pasa a su lado Napoleón y no lo reconoce, ve sangre, muerte, campos que se ondulan por los impactos de la artillería, ve el triunfo y la derrota y, en fin, ve todo y no ve nada. Estuvo allí, en efecto, pero no sabría contar otra cosa que el asombro de no haber conseguido encontrar Waterloo en Waterloo.

Paradojas que bien podrían considerarse chistes, inteligencia disfrazada de crueldad, ridiculización de las principales características del carácter italiano, reducciones al absurdo y muchas, muchas descripciones.

– La ley es terminante -añadió-; es evidente que su hermano no se ha herido él mismo, como cuenta, cayéndose de una escalera en el momento en que metía en la mano una navaja abierta.

Página 247

Por supuesto, también se incluyen otras situaciones personales e íntimas, reflexiones sobre el amor y el destino, o la incertidumbre sobre el futuro propia de la juventud del protagonista. Os dejo dos ejemplos en páginas consecutivas:

Si no se puede creer en la astrología -prosiguió, tratando de aturdirse-; si esta ciencia es, como las tres cuartas partes de las demás ciencias no matemáticas, una reunión de tontos entusiastas y de hipócritas listos y pagados por aquellos a quienes sirven, ¿a qué se debe que yo piense tan a menudo y con emoción en una circunstancia fatal?

Página 198

Esta denuncia desnaturalizada fue el origen de mi vida actual; puedo detestarla, puedo despreciarla, pero al fin y al cabo ha cambiado mi destino. (…) ¡Dónde estaría yo ahora si la duquesa tuviera el alma de su hermano el marqués del Dongo!

Página 199

La cartuja de Parma es un libro exigente, largo, con muchas descripciones y con una trama que se acelera y desacelera a conveniencia. Por este motivo, mi recomendación es que si os apetece empezarlo os arméis de paciencia y lo vayáis leyendo poco a poco. En muchos capítulos queremos continuar leyendo, pero en otros la acción prácticamente desaparece.

Si os soy sincera en ocasiones me parecía que estaba intentando cruzar un pantano oscuro y tenebroso montada en una tabla en la que apenas cabía por completo, pensando en que jamás llegaría al otro extremo, que si no encallaba en un recodo conseguiría de alguna forma que me atacara algún monstruoso animal acuático. Sin embargo, poco a poco y capítulo a capítulo iba avanzando hacia aquélla cartuja de la que se habla en el título. Ésa que promete la última página.

Y llegué, más o menos ilesa, más o menos mojada, con las extremidades más o menos completas; y me quedó esa sensación de poso que se queda con los grandes libros, la de la profundidad de lo leído, la variedad de temas y la magistral pluma de un autor que escribió esta obra maestra en unas pocas semanas. Y sé, que al igual que con El conde de Montecristo, es el tipo de libros que van calando más y más según pasa el tiempo. El tipo de libros que hacen al lector, los cimientos que sujetan una estructura donde se fijan las bases de la buena literatura.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • La formación de los personajes, en especial la duquesa.
  • El equilibrio entre estilo del autor/variedad de temáticas.

Contras

  • La acción es lenta y el libro bastante largo.

  • El final precipitado como consecuencia de decisión del editor para reducir el número de páginas.

Namaste.

25
Nov
16

La tierra que pisamos, Jesús Carrasco

Cuando Carrasco publicó Intemperie revolucionó el panorama literario colándose en la privilegiada lista de autores que además de ser encumbrados por la crítica, también es respaldado por los premios y las ventas.

la-tierra-que-pisamosProbablemente yo sea de las pocas que no leyó Intemperie en su momento, pero que quería probar con el autor y por eso decidí acercarme a esta novela. No tenía muy claro qué me iba a encontrar ni cómo iba a ser el estilo del autor, pero como enseguida llegas a un párrafo como éste te queda claro en poco tiempo:

Con los puños llenos de tela y los ojos cerrados, he tratado de concentrarme en la oscuridad exterior. Y así, he imaginado que me asomaba al porche elevado sobre el fragante césped que rodea la casa y, desde allí, he dirigido mi atención hacia el frente, al lugar donde el predio se asoma al valle. A lo lejos titilan las farolas de gas del pueblo, encaramado como un galápago a las faldas del castillo.

Página 10

Este tipo de fragmentos son frecuentes en La tierra que pisamos, a medio camino entre la poesía más metafórica pero sin perder la precisión analítica que emana de su prosa. Del resto poco sabemos, dado que el autor no se detiene explicando demasiado sobre los protagonistas (de hecho, en la sinopsis se cuentan muchas más cosas que en las primeras cien páginas). Una mujer y la visita de un hombre que se sienta en su propiedad. Hasta ahí. El resto es todo un juego de palabras, descripciones y análisis sobre temas distintos: la resistencia, la humanidad o el pasado. Todo bajo una estructura bien clara: una prosa dura y recia pero muy bien elaborada y destellos poéticos a través de adjetivos que van reluciendo según leemos.

Me ha recordado tanto a Coetzee que he tenido que comprobar el nombre del autor en la portada. Estilos similares, aunque el sudafricano equilibre más la historia en cuanto a la acción y a la dureza de los eventos que ocurren. También me ha venido a la mente Cosecha, de Jim Crace: el uso muy limitado de la información que se proporciona al autor o la utilización de diálogos mínimos.

Sin embargo, sí que tengo que decir que aunque la prosa está muy bien elaborada, la historia en sí no me ha llegado a enganchar, donde no he podido conectar con la historia, además de tener la sensación de que avanzaba muy lentamente la acción de la novela. Tan lentamente que por momentos se me ha hecho pesado.

La fe es un diamante engarzado en carne. Y la carne se aja y enferma. La piel se descuelga y los tendones se vuelven quebradizos y entonces el diamante cae, o se eleva, y se desvanece en la negrura del espacio cuyo final no es conocido, ni tan siquiera imaginado.

Página 176

En conclusión, una novela que me ha sorprendido por el modo de escribir del autor, pero que no me ha acabado de convencer. Veremos si me decido a leer Intemperie.

FICHA:

Te gustará si te gusta

Pros

  • El estilo del autor, que sorprende y demuestra su uso mágico de la lengua.

Contras

  • ODIO las sinopsis donde cuentan de más.

  • No he conseguido conectar con la historia.

Namaste.

04
Nov
16

Cosecha, Jim Crace

Hay libros que son como un vergel, un paraíso donde el agua mana de forma abundante, donde los árboles esperan que recojamos sus frutos, donde el olor a primavera nos anima a tener un día plagado de buenos propósitos y grandes anécdotas.

Historias que prometen sonrisas, conversaciones con amigos, diversión, un día soleado con olor a flores frescas. Aunque después la historia se tuerza, como en Picnic en Hanging Rock, de la australiana Joan Lindsay.

cosechaHay otras novelas, otras historias, que desde el primer momento prometen ser un páramo donde sopla fuertemente el viento, donde nos huele a quemado desde el principio. Hay algo en el ambiente que nos hace desconfiar. Las de Steinbeck o las de Faulkner son claros ejemplos.

A pesar del título, la novela que os traigo hoy es un erial. Desde la primera línea sabemos que algo malo va a ocurrir. Tememos por los desconocidos que acaban de llegar a la comunidad agraria. Sospechamos que no va a suceder nada bueno. Sí, hay una cosecha, y qué cosecha.

Apenas se nos aportan los datos justos como para situar de forma concreta la historia tanto en el espacio como en el tiempo, pero Crace no necesita más. Tan sólo describir el tipo de actividades comunes que realizan los vecinos y algo sobre sus relaciones que no deja de ser la típica imagen que tenemos de cualquier comunidad agraria de hace un siglo (el viudo que echa de menos a su esposa, la rivalidad entre ellos, la esperanza por que el tiempo les sea favorable, la euforia al celebrar una fiesta…).

Tampoco necesita recurrir a saltos temporales ni a profusas descripciones del paisaje. Podríamos llegar a pensar que la prosa del británico es tan austera como sus personajes, los hombres y mujeres de otra época acostumbrados a trabajar de sol a sol sin pararse a realizar florituras en su vestimenta o en su peinado. No hay tiempo que perder. La rutina manda.

Así, la situación se mantiene prácticamente igual generación tras generación. La conciencia de saber que la vida del nieto no difiere demasiado de la del abuelo. Se desdibujan las líneas de la personalidad, la comunidad es lo importante. La repetición invariable de las estaciones para obtener el éxito conjunto: una próspera cosecha.

Hasta que unas columnas de humo prometen romper su mundo en dos.

Hay algo en esas líneas y esos trazos, en esos azules y verdes aparentemente fortuitos, que a pesar de su viveza los hace parecer desolados.

Página 146

Desde ese momento, aquella intuición que se mantenía agazapada desde la primera línea, crece y crece hasta convertirse en un monstruo de dos cabezas que promete destruir el mundo que conocen a través de la maniobra más peligrosa que puede existir para la rutina: el cambio.

Los problemas se amontonan y la comunidad se desquebraja. Su seguridad desaparece para dar lugar a la incertidumbre, la desconfianza, la incomprensión.

Una de esas novelas que se agarran al estómago, con un estilo incisivo, directo a lo que se quiere comunicar, sin apenas diálogos y con escasas descripciones. Ese es Jim Crace y no necesita más para meter al lector de lleno en la historia de Cosecha.

FICHA:

Te gustará si te gustó

Pros

  • La dualidad poca información-fuerza del estilo.
  • Impecable edición de Hoja de Lata.

Contras

  • La sensación de nudo en el estómago.

Namaste.

26
Ago
16

Y ellos, ¿qué opinan? (XXVI): Jesús Carrasco

fotonoticia_20160304174110_800Jesús Carrasco (Badajoz, 1972): Licenciado en Educación Física, Carrasco es una rara avis literaria. Su primera novela, Intemperie, fue publicada en 2013 y supuso un rotundo éxito llegándose a vender los derechos de su publicación fuera de España incluso antes de publicarse en su país natal. Además, cosechó un extenso catálogo de premios y un elevado número de ejemplares vendidos. La tierra que pisamos (2016) es su segunda novela.

1.- ¿Cuál es el último libro que has leído?

Estrómboli, Jon Bilbao.

BINGO. Si tuviera que mencionar un libro que llevaba haciéndome ojitos desde su publicación sería justo éste. Por su preciosa portada, por cada uno de los elogios y críticas entusiastas que se ha llevado por el camino. Precisamente, como le comenté a Carrasco en cuanto lo citó, lo tenía en mi lista para llevármelo en la Feria del Libro.

2.- Un libro que nos recomiendas.

Rabos de lagartija, de Juan Marsé.

Últimamente no paro de encontrarme a Marsé por muchos sitios, o quizá es que me atención se centra más cuando veo que a mi alrededor hay lectores leyendo sus novelas… el caso es que nunca he leído al autor… ¡a la lista de pendientes!

3.- Un autor por el que sientas fijación.

J. M. Coetzee.

Premio Nobel de Literatura en 2003, el sudafricano es uno de los grandes de la literatura contemporánea. Sólo he leído Desgracia pero con ella queda claro el tipo de autor que es Coetzee, de esos que te agarran el estómago y lo estrujan. Me toca seguir conociendo su obra…

 

Y vosotros, ¿coincidís con Jesús Carrasco? ¿Habéis leído Estrómboli? ¿Conocéis a Juan Marsé? ¿Por dónde empiezo a leer? ¿Qué os parece Coetzee? ¿Os tiró de las vísceras igual que hizo conmigo?

Buen fin de semana.

Namaste.

22
Ago
16

El Gatopardo, Lampedusa

Corría 2011 cuando compré este ejemplar que hoy (por fin) he leído. Releo mi comentario de aquélla ocasión y me sorprendo al comprobar que un señor en la librería me dijo que lo comprara. Parece ser que fue eso lo que decantó mi compra. No suena demasiado a mí, la verdad, pero tendré que creérmelo porque no me acuerdo de aquella anécdota.

El-gatopardoLo que sí recuerdo, entre otras cosas porque lo tengo delante, es de la edición de Edhasa que me llevé a casa, que hace juego con mi libro de cuentos de Edgar Allan Poe. Hay que ser un poco presumido y saber que los libros sí decoran. ¡Si no de qué ibamos a ponerlos con el canto para afuera, leche!

El Gatopardo llevaba más o menos cinco años lanzándome miradas asesinas. Es uno de esos libros que llevo tiempo queriendo leer, un clásico que siempre aparece en la lista de los libros que uno ha de leer, que además no es demasiado largo como para posponer su lectura.

Este verano me puse manos a la obra. Lampedusa narra la vida del príncipe de Salina, el Gatopardo, en la época del desembarco de Garibaldi en Marsala. Un tipo con una personalidad muy fuerte que da como para montarle un libro del tipo El hombre sin atributos, de Musil,  de esos de 3000 páginas.

La novela se podría encuadrar como novela histórica, teniendo en cuenta que el autor la terminó de escribir en 1956. Sin diálogos, con una ambientación genial y unos personajes muy bien formados, Lampedusa crea un mundo precioso en el que todo es tan maravilloso que acabamos viendo demasiada purpurina y un olor a nuevo que tira para atrás.

Desde la primera línea se notan ambas cosas: que el autor controla perfectamente las palabras y el arte de colocar cada cosa en su lugar, pero también un recuerdo a algo que ya conocemos. Necesité dos páginas más para decir en voz alta la palabra que me vino a la mente: Stendhal.

A partir de ahí el decorado comienza a hacer aguas, porque comparas y el pobre Lampedusa sale perdiendo. La sensación de que leer al tiempo La cartuja de Parma no le hacía justicia a El Gatopardo, la conciencia de que si no estuviera leyéndolos a ambos a la vez me gustaría más la novela de Lampedusa… pero las cosas son así y Fabrizio está en mis lecturas diarias, así que mi hundimiento en el fango comenzó cuanto más leía a ambos.

Y así, me fui dando cuenta de que a pesar de que Lampedusa hace todo bien: narrar, describir, crear, jugar con la acción, formar personalidades… la novela quedaba desmerecida por su falta de alma, por la sensación perenne de tratarse de un decorado, de una situación falsa a la que le vemos la etiqueta y al apuntador desde la primera fila. Es injusto que comparemos, pero nadie ha dicho que la vida ha de ser justa. Comparar con Stendhal, un autor que transmite emoción, que nos hace levantarnos del sofá, agarrarnos a las páginas y gritar, no es plato de buen gusto para nadie, y más y resulta que comparas y Lampedusa sale perdiendo con su fórmula científica que parece una buena imitación pero que no llega a levantarnos ningún tipo de pasión.

Como decía Kafka, Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. En mi caso, El Gatopardo no ha sido ese tipo de libro. Quién sabe si vosotros opinaréis lo mismo que el señor de la librería. Tendréis que comprobarlo para saberlo.

FICHA:

Te gustará si te gustó

  • Los miserables, Víctor Hugo.

Pros

  • La ambientación histórica de la época.

  • El estilo casi científico del autor.

Contras

  • Sensación de repetir algo que hemos leído con más garra y alma.

Namaste.




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